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Los residuos de la industria láctea que habrían conquistado a Coco Chanel

El proyecto Biopol obtiene, a partir de esos restos, biopolímeros para encapsular aromas para su uso en fragancias o detergentes

La Voz de Galicia

El año que viene, uno de los perfumes más conocidos del mundo, el Chanel número 5, cumplirá cien años. En 1921, Gabrielle Chanel era una emprendedora que buscaba envolver a las mujeres con un aroma. Y de esa forma, ensayando y mezclando esencias con la ayuda de Ernest Beaux, nació un mito. De haber ocurrido ahora es muy probable que aquella señorita inquieta que fundó un imperio en el mundo de la moda se hubiera fijado en Biopol, un proyecto basado en la obtención de biopolímeros a partir de subproductos de la industria láctea, para crear su perfume.

Porque uno de los fines últimos de esos biopolímeros, que no son más que moléculas de origen natural, es encapsular aromas para ser liberados poco a poco en fragancias, cosméticos o detergentes. O, lo que es lo mismo, envolver con esos biopolímeros aromas como el que Coco Chanel usó para envolver a sus mujeres. Los polímeros, como aquellas chicas que marcaban su rastro a medida que liberaban su aroma, también van dejando su perfume. Y lo hacen en menor o mayor tiempo en función de su longitud de cadena.

Consorcio de cinco empresas

Pero para poder incorporar esos biopolímeros a su sofisticado número 5 la señorita Chanel tendría que llamar a la puerta del consorcio de cinco empresas -la cooperativa láctea Dairilac S.L., ahora Galacteum; Indutec Ingenieros S.L.U.; Enso Innovation S.L.; Carinsa y Soelec- que, con la colaboración del Centro Tecnológico CETIM, obtuvieron durante la convocatoria del 2018 una ayuda del programa Conecta Peme, de la Axencia Galega de Innovación, para llevar a cabo el desarrollo de esta iniciativa. Un proyecto dirigido a fomentar la economía circular para el aprovechamiento de residuos de la industria láctea, un sector clave en la economía de Galicia.

No solo eso. Porque también abre una nueva vía de negocio para el sector, que puede sacar rendimiento a un resto. «Hay que tener en cuenta -como explican desde CETIM- que para producir un kilo de queso se generan nueve kilos de un subproducto como es el lactosuero». Entonces, en lugar de tirarlo, por qué no aprovecharlo. Y qué mejor modo que contribuyendo a hacer más sostenibles, desde el punto de vista medioambiental, sectores como el de la cosmética o el de los detergentes. Por no hablar de que esos biopolímeros también pueden usarse para absorber metales pesados del agua.

Pero, ¿cómo puede ser que un residuo de la industria láctea pueda acabar usándose como el papel de regalo de un aroma tan dulce como el jazmín -ingrediente fundamental del Chanel número 5- u otro tan fresco como la bergamota? Adrián Rodríguez, responsable de desarrollo de negocio de CETIM, explica el proceso: «Los restos de la industria láctea son subproductos ricos en carbono. Lo que hacemos es someterlos a un bioproceso mediante el que usamos enzimas, bacterias u hongos que se alimentan de esos residuos obteniendo de ese modo los biopolímeros».

La obtención de esas moléculas de origen natural es la labor de CETIM. Como centro tecnológico del proyecto, lo que hace es ejecutar en sus laboratorios todas las investigaciones o las primeras pruebas de síntesis para obtener biopolímeros a partir de lactosuero. A posteriori, realiza también las investigaciones y soporte para su uso en aplicaciones de alto valor añadido como el tratamiento de aguas o el encapsulado de aromas o sustancias activas.

Trabajo conjunto

Eso es lo que hace como entidad colaboradora del consorcio, pero luego cada una de las empresas que lo forman tiene su función. Dairilac (ahora Galacteum) es la encargada de diseñar la estrategia más adecuada para aprovechar los subproductos generados por el sector lácteo. La función de Indutec Ingenieros es la de desarrollar todo el proceso de producción de biopolímeros, además del diseño y construcción del prototipo necesario para obtenerlos.

Enso Innovation usa esas moléculas obtenidas para el desarrollo de adsorbentes. Carinsa aplica los biopolímeros en diferentes productos encapsulados, mientras que Soelec desarrolla el sistema de monitorización, control y automatización necesario para la operación del proceso.

Porque al igual que en la elaboración del Chanel número 5 cada ingrediente cumple su función, en Biopol cada empresa tiene su parte de trabajo. Juntas mueven todo el engranaje de esta nueva fórmula de economía circular.

Etiquetas: Ganadería Economía circular Moda Sector lácteo