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La tele según Pablo Iglesias

La Voz de Galicia

¿Qué le importa a Iglesias? ¿La libertad de información? ¿El control de la información? ¿O el control de la libertad y de la información?

Una buena parte del relato construido por Pablo Iglesias y Podemos está basado en la presunción de que existe una prensa en España sometida a todo tipo de poderes y que se ha convertido en una especie de esbirro de partidos políticos (de derechas especialmente), cuando no de las grandes corporaciones o incluso de la Iglesia católica.

La verdad es que Iglesias siempre ha estado fascinado por el poder de los medios de comunicación, especialmente la televisión. Es a través de ella como consiguió hacerse un hueco en la vida política española y es por ello que sabe de su potencia.

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Para él, la tele tiene una fuerza descomunal. No es la lluvia fina de la prensa escrita, ni pega los cañonazos que son las noticias de los periódicos, pero cala especialmente en los espectadores que ni quieren ni precisan profundidad en los mensajes. Con la tele funciona más el carisma y lo ornamental que lo complejo. Son los eslóganes los que se imponen a través de la pantalla y es ahí donde se ha aplicado el líder de Podemos. Por ello, se muere por una plataforma como TVE y suspira por una cadena pública que hable de los temas que a él le interesan y en la que aparezcan las personas que a él le convengan. No muy diferente de lo que ha sido hasta ahora, pero made in Podemos.

Con sus movimientos se ha puesto de relieve que Pablo Iglesias quiere más al frente de televisión a un periodista afín a sus ideas que a alguien realmente preparado para gestionar un monstruo con seis mil empleados y mil millones de presupuesto. Así se entiende que su favorita para gestionar RTVE fuera la lucense Ana Pardo de Vera, una periodista emergente que, al margen de sus cualidades, tiene un marcado carácter ideológico. Sin ir más lejos, al igual que Iglesias, defiende con entusiasmo que la monarquía española recogida en la Constitución es «tan inútil como antidemocrática» y, también al igual que Iglesias, cree que habría que regular el trabajo de los periodistas y la labor de los medios para evitar el control de los empresarios.

Y es que, efectivamente, lo de regular los medios es algo que a Iglesias le suena bien. Se trata de poner una correa a todos los periódicos y televisiones y, en definitiva, a quien ejerce la profesión periodística, en aras de un bien superior, que es una presunta y estrambótica libertad al estilo Podemos o, lo que es lo mismo, fomentar una libertad a la carta de una ideología.

«Lo que ataca la libertad de expresión es que la mayor parte de los medios sean privados. Incluso que existan medios privados ataca la libertad de expresión. Hay que decirlo abiertamente (...). Si alguien tiene que tener controlados los medios es una cosa que llama Estado, que es representativo de la voluntad popular», dijo el líder de Podemos. También afirmó: «Son mucho más importantes las tertulias en televisión que los debates en el Parlamento, que ya no los sigue nadie». Y añadió que hoy en día «la gente ya no es de uno u otro partido político, sino de uno u otro periódico, de una u otra radio o de una u otra televisión».

Habiendo escuchado a Pablo Iglesias y habiendo visto lo que ha pretendido hacer en Televisión Española, ¿qué es lo que de verdad le importa? ¿La libertad de información? ¿El control de la información? ¿El control de la libertad? ¿O el control de la libertad y de la información?

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