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Insólito respeto por sus votantes

La Voz de Galicia

Estamos acostumbrados a que los políticos muestren una ambición infinita. A que sus ansias de poder les nublen las mentes y sometan su lucidez igual que un ejército aplasta a un único soldado. No se estila otra cosa. 

Y tampoco se estila el compromiso de un político con sus electores. En este sentido, Feijoo dio ayer una lección a todos los que en cuanto ven una puerta abierta y escuchan cantos de sirena hacia una presunta tierra prometida, dejan en la estacada a aquello y aquellos que son la verdadera razón del éxito, en este caso, sus electores.

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El presidente de la Xunta argumenta que no entrará en la pelea (iba a ganar) por el control del Partido Popular porque fue elegido por los gallegos hasta el 2020 y cumplirá su parte del contrato. Elige Galicia en lugar de un castillo de naipes que le llevaría primero a liderar el PP y finalmente (esto sería otro cantar) a presidir España.

Los gallegos no le dieron la mayoría absoluta a Feijoo para que se fuera cuando le viniera en gana. Le eligieron para que gobernara durante cuatro años, cumpliera un programa electoral y nos dejara, llegado el momento de su marcha, una comunidad más próspera y con mejores perspectivas de futuro. «No puedo fallar a los gallegos porque sería como fallarme a mí mismo», dijo emocionado en un discurso en el que muchos esperaban la renuncia del presidente a Galicia y se encontraron con todo lo contrario.

Por otro lado, al margen de la lealtad a la tierra y a sus votantes, que unos se la creerán y otros no, Feijoo ha sido inteligente al no dejarse cegar por el espejismo de dirigir el partido más votado de España. Sin duda, la herencia que le esperaba al presidente gallego es más que envenenada, diabólica, con un carrusel de sentencias judiciales que seguirán manchando la imagen del partido y que sin duda le irán erosionando día a día. Por otro lado, tal y como sucede siempre con los cambios de poder, también se desgastaría un tiempo con luchas cainitas en su propio grupo, donde Soraya está agazapada para dar el salto y donde ha demostrado, eso dicen, ser amiga del juego subterráneo. Además, el partido está en un momento bajo en cuanto al poder que ostenta en el Estado, tanto a nivel de comunidades autónomas, como de municipios y diputaciones. Y todo puede ir a peor. A Feijoo le esperaba una tarea titánica, con un partido destrozado al que debería renovar por completo. Hace bien en no irse.

Y si allá por el 2020 decide plantear batalla en España, llegará con el orgullo de poder decir que se trata de un político de palabra cuya idea de este país es el de una España sólida, constitucional, que no está sometida ni a la tiranía de la capitalitis, ni enfrentada al sentimiento de pertenencia a la tierra propia.

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