Secciones

Tu edición

Venezuela: la ayuda humanitaria, ¿arma política o arma de guerra?

El tema de la ayuda humanitaria está tensando la cuerda en ese pulso que Guaidó y Maduro vienen sosteniendo en las últimas semanas. Una cuerda que está a punto de romper. ¿Por qué lado? Eso es lo que falta por ver.

La Voz de Galicia

Cuando hay más de 300.000 personas para las que recibirla pronto o no es cuestión de vida o muerte, algunos tertulianos han empezado a marear la perdiz con eso de que si se está utilizando la ayuda humanitaria como arma política porque la que ha llegado a las fronteras del país procede del imperio que lo que busca, en realidad, es apoderarse del petróleo venezolano.

Que la ayuda humanitaria está siendo utilizada como arma política es algo obvio para la inmensa mayoría de los venezolanos que están deseando perder de vista a Maduro. Les da igual que se vaya  a Cuba -ya sea a Varadero o a Guantánamo-, a Rusia, Turquía, a cualquiera de los emiratos árabes o al otro mundo a hacerle compañía al difunto comandante galáctico. Lo que quieren es perderle de vista cuanto antes.

Que pretendan utilizarla como arma de guerra, como caballo de Troya para invadir el país, como dicen Maduro, Diosdado y compañía, es un argumento insostenible. El uso de la fuerza militar exterior para desalojarlos del poder es harto improbable. Como ha dejado muy claro Guaidó en las últimas entrevistas que ha concedido, no es descartable de antemano al cien por cien, pero sería el último recurso y como respuesta a una provocación clara y contundente.

El debate sobre la legitimidad del uso de la ayuda humanitaria como arma política se suscitó a raíz de unas extrañas maniobras de la Cruz Roja venezolana en las que se empezó aludiendo rol imparcial de la Cruz Roja en medio de la crisis política. Para entender estas maniobras conviene saber que el presidente de la Cruz Roja en Venezuela es Mario Enrique Villarroel Lander, un auténtico poder fáctico del régimen actual,  que está considerado como el como el hombre con más poder dentro aparato judicial, incluso por encima del presidente formal del Tribunal Supremo, Maikel Moreno y muy próximo a la fiscal general en el exilio, Luisa Ortega.

Su hijo, Miguel Ángel Villarroel Sierralta, abogado, empresario, fundador del Venezuelan Business Club, que se mueve entre Miami y Madrid, donde hace cinco años aparecía como el mejor postor para la compra de la mansión de La Pantoja en  La Moraleja, es el vicepresidente segundo de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja.

Francesco Roca, su presidente, ofreció una rueda de prensa el pasado viernes en Caracas en la que habló sobre la llegada del primer envío de la ayuda humanitaria a la frontera colombo-venezolana, de la politización de la asistencia y el rol imparcial de la Cruz Roja en medio de la crisis política. Dejó muy claro que Cruz Roja solo está dispuesta a apoyar la distribución de la ayuda humanitaria «si se lo piden las dos partes».

Con este panorama, que no era desconocido para Guaidó y su equipo, está por ver qué estrategia tienen diseñada para hacer efectivo cuanto antes su compromiso de hacer llegar esa ayuda a los más necesitados, Si el principal obstáculo para hacerlo realidad son las guarimbas montadas por Diosdado y Padrino en el puente de Tienditas entre Colombia y Venezuela, no tardará en hacerse realidad.

Mientras tanto, los venezolanos constatan estupefactos cómo llega a Cuba la ayuda humanitaria enviada por Venezuela para paliar el impacto del último tornado que afectó a la isla.

 

 

Etiquetas: Venezuela Cruz Roja Juan Guaidó Cuba Turquía Petróleo Rusia Isabel Pantoja Colombia Caracas