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Eduardo Gutiérrez: «Gardo un anaco da cinta inaugural»

Recién llegado a la alcaldía de Ribadeo, lidió con los intentos del Gobierno de ignorar a quien la tradición popular atribuye la obra, el expresidente Leopoldo Calvo-Sotelo

La Voz de Galicia

«Gardo un anaco da cinta inaugural, que a darei se algunha vez se fai o museo ao que aspira Ribadeo», dice Eduardo Gutiérrez, que acababa de estrenarse como alcalde ribadense cuando se inauguró el puente de los Santos, casi 700 metros de asfalto para unir dos comunidades, Asturias y Galicia, sobre la ría de Ribadeo. Cuando la mañana del 29 de julio de 1987 el ministro de Obras Públicas, Javier Sáenz de Cosculluela, cortó la cinta inaugural, marcó un antes y un después en las relaciones entre las dos comunidades. Con el viaducto se evitaba dar un rodeo de 30 kilómetros. Los titulares de prensa plasmaron el aforismo: Asturias y Galicia estaban más cerca. Con el tiempo, el tópico se convirtió en evidencia.

El puente de los Santos recibió su nombre de las dos ermitas situadas a ambos lados de la ría, la de San Miguel en Ribadeo y la de San Román en Castropol; una ría que hoy no se concibe sin ese puente que relegó a los lancheros a servicio turístico. Un puente que era un sueño y que se atribuye, con o sin razón, a la influencia del expresidente del Gobierno Leopoldo Calvo-Sotelo, madrileño de nacimiento, ribadense de adopción y primer marqués de la Ría de Ribadeo. Costó 1.300 millones de pesetas y volvió a hacer historia en octubre del 2010 al ser el primer viaducto del mundo desdoblado en autovía sin haber sido concebido para ello.

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Aquella mañana del 29 de julio de 1987, autoridades y vecinos cruzaron el puente por primera vez hasta un punto equidistante entre Asturias y Galicia, donde se cortó la cinta inaugural. Entonces, a sus 39 años, Eduardo Gutiérrez acababa de convertirse en el primer alcalde del BNG en Ribadeo, un nacionalismo que no casaba con otro falso tópico que el tiempo se encargó de desmontar: el abolengo ribadense.

Gutiérrez sabe mucho de la intrahistoria de aquel día, en la que juega un papel protagonista Calvo-Sotelo, con su exiguo mandato presidencial del 26 de febrero de 1981 al 2 de diciembre de 1982. «Estaba corrido que influíra moito na construción da ponte, e sóubose que non estaba invitado ao acto. Chamei ao Goberno Civil e dixéronme que eles non levaban o protocolo, que chamara ao gobernador civil de Asturias. Fíxeno e dixéronme que era cousa do ministerio. E engadiron algo así como, a ti que máis che da. Así era, pero eu tamén era alcalde de Ribadeo e sabía que ía sentar mal que non o invitaran. Entón o que se fixo foi filtrar á prensa que non ía vir. Non o sei seguro, pero creo que iso chegou a Felipe González e debeu dar instrucións para que o invitaran. De feito, na comida que houbo despois falou, cun discurso que traía preparado, aínda que non figuraba no protocolo».

Tampoco acudieron los presidentes del Principado, el socialista Pedro de Silva, y de la Xunta. En el tramo final de su mandato, Fernández Albor (PP), estaba de gira por Sudamérica.

«Con todo, o acto inaugural foi quen de conxurar a unanimidade local. A ponte era unha reivindicación moi arraigada desde había moitos anos. Contou con algunha oposición, excepcional, pero logo esvaeuse ao ver os efectos positivos da milagre comunicativa e das súas consecuencias económicas e sociais, sobre todo para Ribadeo», señala Eduardo Gutiérrez.

«Foi un deses días de entusiasmo xeral. Daquela a ponte tiña luz polas noites, e era un espectáculo incrible. Nunca tal se vira», recuerda el exalcalde.

Hace seis años, la luz del puente se apagó. Al ser transformado en autovía, Fomento se hizo con la titularidad y el Concejo de Castropol dejó de pagar la factura eléctrica: unos 15.000 euros anuales que el ministerio se niega a asumir. Aún así, incomprensiblemente a oscuras, el puente de los Santos sigue siendo más que una obra para salvar la ría: un símbolo.

Tags: Ría de Ribadeo Castropol Gerardo Fernández Albor Felipe González A Mariña Ribadeo
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