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La Voz de Galicia

A diferencia de Narón, en los años del bum urbanístico que ha sembrado España de miles de esqueletos de hormigón, en Ferrol apenas se llevaron a cabo grandes promociones inmobiliarias. Las grúas que se detuvieron con el estallido del ladrillazo han tardado una década en volver a situarse en parcelas en las que las promotoras comienzan a lanzar nuevos proyectos.

En Ferrol, es verdad, solo por la acusada pérdida de población que ha experimentado en los últimos años -ahora vivimos aquí la friolera de 20.000 personas menos que en los ochenta- es innegable que sobran viviendas. Es una realidad patente en barrios como el de Caranza, en el que la oferta de pisos en venta y en alquiler es abultada. Pero sería demagógico quedarse con ese argumento para rechazar la posibilidad de que vayan a materializarse en la urbe naval nuevas promociones, como la de 110 pisos anunciada para el barrio de Canido.

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En este caso, yo quiero ver el vaso medio lleno. Quiero ver esos signos de recuperación que aprecia la constructora para animarse a invertir en la ciudad y las fortalezas sociales y laborales que entiende que muestran para lanzarse a materializar este proyecto. Quiero quedarme con que, frente a la degradación de otras zonas, el pequeño barrio alto de Ferrol ha sabido darle la vuelta a su situación y convertirse en un lugar atractivo para vivir o montar un negocio. Quiero pensar que ya hemos dejado atrás lo peor de una época muy dura y que, aunque aún queda mucho camino por recorrer -sobre todo en materia de desigualdad social-, se aprecian síntomas de cambio de ciclo en la ciudad. Que ya toca.

Tags: Ferrol ciudad Narón
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