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La economía circular frente al «usar y tirar»

El 17 de mayo se celebra el Día Internacional del Reciclaje, una fecha señalada en el calendario de la Unesco desde el 2005

La Voz de Galicia

El 17 de mayo se celebra el Día Internacional del Reciclaje, una iniciativa que proyecta a la ciudadanía mundial la importancia de alcanzar el objetivo acuciante de un planeta sostenible. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) estableció esa fecha en el 2005 a fin de concienciar a consumidores y productores de la responsabilidad que a cada uno corresponde en la cadena sin fin del reciclaje. Si falla una pieza, el ciclo se rompe. Por eso acciones como la del 17 de mayo pretenden sensibilizar y responsabilizar a la población sobre sus propios residuos e impulsar la selección y reutilización de los recursos. También Ecoembes, la organización medioambiental sin ánimo de lucro que promueve la sostenibilidad y el cuidado del medioambiente a través del reciclaje de envases, ha elegido ese día para presentar el informe de resultados del pasado ejercicio, en el que detalla, con cifras, los beneficios del reciclaje, su calado en la sociedad, los medios empleados y las cantidades totales puestas de nuevo en circulación como bienes de consumo tras completar el ciclo.

Un símbolo reconocible

Desde el diseño de un producto hasta que un consumidor lo desecha para su reciclado, hay detrás todo un proceso que se distingue con tres flechas dispuestas según el círculo de Möbius, una superficie con una sola cara y un solo borde. El distintivo fue creado en 1970 en un concurso de diseño organizado por la Container Corporation of America en el marco de la celebración del primer Día de la Tierra. Salió del trazo de un estudiante de último curso de la universidad de California del Sur, en Los Ángeles.

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Gary Anderson ganó el certamen y desde entonces las tres flechas encadenadas reconocen los productos que completan el proceso del reciclaje, a saber, recogida de materiales, su transformación y compra de los artículos. La marca garantiza que el producto forma parte de un sistema que continúa una y otra vez. Para alivio del planeta.

No es basura, es riqueza

La producción de bienes y servicios implica un coste ambiental. Es obvio, tanto como que los recursos naturales son limitados. La economía circular propone un modelo distinto al imperante hasta ahora, el conocido como lineal, y pone el foco en el desarrollo sostenible, en el que la correcta gestión de los residuos genera por sí misma riqueza. ¿Cómo? Lo que antes se trataba como desperdicios, constituyen en este modelo la materia prima de fabricación, evitando echar mano de recursos naturales y consumo de agua y energía. En vez de tirar, reutilizar. Perpetuando el ciclo de vida de los productos. Además, propicia la creación de puestos de trabajo. Se trata, gracias al ecodiseño, de aprovechar desde la primera hasta la última pieza de cualquier artículo una vez terminada su vida útil.

Objetivos circulares

Cada europeo consume catorce toneladas de materias primas y genera otras cinco de basura al año. A tenor de estos datos, la Unión Europea (UE) ha abierto ya el camino para implantar una economía inteligente y sostenible, que ofrezca unas garantías de futuro para los Estados miembros. El plan de Acción de Economía Circular para los próximos años establece unos objetivos factibles, como llegar al 65 % del reciclaje en el 2035. Pretende asimismo alcanzar en el 2030 un 70 % de reciclaje de los embalajes y reducir el desperdicio alimentario al 30 % en el 2025 y al 50 % en el 2050. En cuanto a los residuos municipales que terminen en los vertederos, como máximo ha de ser el 10 % en el 2035 y fija ya para el 2025 la responsabilidad obligatoria de los productores de baterías, vehículos y acumuladores.

En las últimas dos décadas se ha tomado conciencia de que la economía lineal -producir, usar y tirar- no es una respuesta para la sociedad actual. Entidades como Ecoembes se han volcado en la transformación social necesaria para invertir la marcha y cambiar el modelo, con especial hincapié en la educación ambiental, la innovación y la colaboración ciudadana. Ese motor no para, y año a año se logra arañar un dato positivo para el medio ambiente, tal y como indica el último informe de Ecoembes a nivel nacional: 1.351.903 toneladas de envases reciclados en el 2016, un 4 % más que el año anterior, lo que supone un ahorro de casi medio millón de toneladas en materias primas.

20 años del iglú verde

La recogida selectiva de vidrio -que este año cumple dos décadas de la puesta marcha del sistema de reciclaje- también registró un incremento de casi el 5 % en el 2017, según el último balance de Ecovidrio, la entidad sin ánimo de lucro encargada del reciclado de envases de vidrio en España. Así, se alcanzó una media de casi 17 kilos de vidrio reciclado por habitante, lo que supone 64 envases por persona. O lo que es lo mismo: 789.235 toneladas de residuos de envases de vidrio a los que se le ha dado nueva vida y que eleva la tasa de reciclado al 73 %. Gracias a esa colaboración ciudadana e industrial, la reutilización de estos envases ha permitido evitar la emisión de 550.077 toneladas de CO2, equivalentes a retirar 134.700 coches de la circulación durante un año.

En los últimos 20 años se ha conseguido duplicar la tasa de reciclado de envases de vidrio, siguiendo la senda marcada por la Directiva Europea de Envases y Residuos de Envases y el mandato de reciclar el 50 % de los residuos urbanos en el 2020. Una labor en la que, como en los objetivos fijados a medio plazo por la UE, está implicada toda la sociedad.

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