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Josep Borrell: «El señor Torra es un regalo: Su discurso internacional nos ayuda»

El ministro de Exteriores asegura que el pueblo catalán está profundamente dividido en dos mitades y costará recomponer la unidad

La Voz de Galicia

Un aspecto que va ligado al cargo de ministro de Exteriores es pasarse media vida entre aeropuertos y aviones. Josep Borrell (Puebla de Segur, 1947) acaba de llegar de Argel. Apenas ha tenido tiempo para deshacer la maleta y ya pone rumbo a Milán. En medio abre un hueco en su agenda para atender a La Voz de Galicia.

-Fue uno de los primeros fichajes de Sánchez para su Gobierno. Tuvo algo de simbólico, al haber sido una de las personas que más se significó contra el independentismo y sus excesos.

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-Bueno, la verdad es que si pretendía reclutarme para problemas de orden interno no tenía que haberme nombrado ministro de Exteriores. Sin duda hay un compromiso por la unidad de España que he manifestado muy claramente, con todo el respeto para los que tienen otras ideas. Pero, vamos, me ha ofrecido Exteriores, que tiene más que ver con la construcción europea y con el papel de España en el mundo.

-Pero una de las grandes partidas para sofocar el desafío secesionista se jugó en Europa, con un gran trabajo didáctico y de diplomacia.

-Yo también tengo este encargo, claro. Es verdad que el independentismo ha gastado mucho dinero, mucha energía y mucho tiempo, muchísimo más que el Gobierno central, en vender su relato. Han tenido bastante éxito. Probablemente por incomparecencia del contrario. No ha habido un relato alternativo de España. No se ha explicado al mundo lo que España es, a día de hoy, una democracia plena. A cambio de eso, se ha vendido que Franco sigue vivo, el franquismo... Escuche al señor Torra, que el otro día se permitía comparar Cataluña con el Riff marroquí o con la persecución del pueblo kurdo en Turquía. No me invento nada. Es lo que dice. ¡Dios santo! ¿Cómo se pueden decir esas cosas? Cuando la gente seria lo escucha, le hace perder mucha credibilidad. Afortunadamente. El señor Torra es un regalo: su discurso internacional nos ayuda.

-¿Le pidió Sánchez opinión sobre la postura que debería adoptar el Gobierno con la defensa del juez Llarena en Bélgica?

-Todo el Gobierno participó. Se fue evolucionando, con distintas hipótesis y estrategias de respuesta. El Ministerio de Exteriores tuvo algo que decir, pero también la ministra de Justicia. Fue una decisión colectiva del Gobierno que se maduró como se maduran estas decisiones, a base de discusión.

-¿Qué siente cada vez que llega a Cataluña y ve todas esas calles con lazos y pintadas de amarillo?

-Pues un sentimiento de tristeza. Es una sociedad que ha caído en una profunda división. Una parte de la población ya ha desconectado psicológicamente. Una sociedad dividida, con brotes, por el momento pequeños y localizados, de enfrentamiento. Costará mucho volver a recomponer una unidad psicológicamente en torno a una concepción de país como había. El pueblo catalán está profundamente dividido en dos mitades.

-¿Le dolió especialmente la propuesta de ERC en su pueblo para votar el cambio de nombre de la calle Josep Borrell?

-A las calles, los nombres hay que ponérselos cuando la gente se muere. Hubiera sido mejor que esperaran [ríe]. Bueno, es otra forma de intentar provocar debates estériles. Hay problemas más importantes que resolver.

-¿Está Cataluña mejor, peor o igual que hace un año?

-Peor no. El año pasado por estas fechas fue cuando se produjo esa alteración del orden normal de la vida parlamentaria. Si eso hubiera pasado en el Parlamento húngaro, le estaría toda Europa recriminando la supresión de los derechos de los parlamentarios. Lo que pasó esos días fue muy grave. Ahora tenemos el Parlamento cerrado, no hemos avanzado mucho, pero antes estuvo amordazado. Lo de ahora tampoco me parece demasiado respetuoso dentro de una democracia.

-¿Llegará la solución a medio o largo plazo? Como sugirió Sánchez, ¿pasa por esa consulta sobre un refuerzo del autogobierno? ¿Votar un nuevo Estatuto?

-El Estatuto fue votado y a continuación enmendado por el Constitucional. A un coche primero le pasan la ITV y luego se compra, no al revés. El test de constitucionalidad debiera haberse pasado antes de votarse. Hay que rehacer un Estatuto que pueda ser votado sin sufrir enmiendas. Es lo que plantea el presidente del Gobierno. No es un referendo de autodeterminación, que no deberíamos llamarlo así, sino de secesión. Un referendo de secesión no tendrá lugar, porque no cabe en la Constitución y tampoco está amparado en el derecho internacional. Ahí tampoco dice la verdad el señor Torra. El derecho a la secesión no está reconocido ni en Canadá ni en Escocia. La secesión, la decisión unilateral de separar una parte del país del resto, no está reconocida en ninguna parte. Creo que en Abisinia y una isla del Caribe. Cada vez que lo digo recibo mil insultos por Twitter, pero es verdad. No está recogida en el derecho internacional, salvo cuando se trate de una colonia bajo ocupación militar y que se incumplan sistemáticamente los derechos humanos. ¿Alguien cree que esta situación se da en Cataluña? Pues evidentemente, no. Claro que nadie.

«Hay que cambiar la inmigración desordenada por una regulada»

La política migratoria centró gran parte del debate político de este verano. Sin duda, es un asunto que salpica de lleno al Ministerio de Asuntos Exteriores.

-Detállenos esa especie de Erasmus euroafricano que propone.

-Los europeos necesitamos la llegada de inmigración, porque tenemos una demografía declinante; en cambio África tienen una demografía pujante. Necesitamos algunos, pero no los podemos acoger a todos. Hay que cambiar la inmigración desordenada, que causa muertos, por una regulada, que tenga como objetivo capacitar la fuerza de trabajo africana, capacitarlos para que luego vuelvan y contribuyan al crecimiento económico de su país.

-¿Se arrepienten de algo de lo que hicieron con el Aquarius?

-Creo que hay motivos para estar satisfechos. Fue un gesto simbólico para que Europa se tomara en serio el tema. Recoger a náufragos a 1.500 kilómetros del punto de acogida no puede ser la solución, pero fue un aldabonazo, una manera de llamar la atención a la sociedad europea para evidenciar que tenemos un problema que todo el mundo se esforzaba por no querer ver. Frente a la Italia que se cierra, hay un país que recoge. Estábamos jugando a la política del avestruz, de no querer ver la realidad.

-Fueron objeto de críticas de oposición y de socios de Gobierno.

-No hay una solución perfecta. Desde el punto de vista político, el Aquarius catalizó todas las reuniones que está habiendo ahora en Europa. Veremos qué pasa el 20 en Salzburgo. Predicar es fácil, pero dar trigo es más difícil.

«Hay que llamar a las cosas por su nombre: en Venezuela hay una crisis humanitaria»

Cataluña, inmigración... pero hay muchos otros temas que abordar. La entrevista coincide con la última polémica que toca a Exteriores, una posible paralización de un contrato de Arabia Saudí con Navantia por valor de 1.800 millones en respuesta a una supuesta negativa a vender bombas al reino árabe. Borrell transmite tranquilidad: «De momento el Gobierno no ha tomado ninguna decisión. Hay conversaciones. En agosto, Exteriores anunció, sin referirse a ningún país en concreto, que se iban a revisar los criterios para autorizar la venta de armas, pero de momento no hay ninguna decisión tomada». 

Venezuela

Difícil salida. «Es una de las más graves preocupaciones que tiene planteada la diplomacia española. Es una crisis humanitaria. Hay que llamar a las cosas por su nombre. La UE ha prestado una ayuda, sin duda insuficiente, para hacer frente a los desplazados, pero deben resolverlo los venezolanos, propiciando un diálogo entre el Gobierno y la oposición. No se ve una salida fácil». 

Argentina

Una crisis crónica. «Es evidente que pasa por una fase aguda de su crisis crónica. Espero que las negociaciones con el FMI le aporten ayuda para no caer en una crisis de balanza de pagos». 

El futuro de la UE

¿Un nuevo telón de acero? «Telón de acero, seguro que no, porque ya no vivimos en la época de confrontación de dos imperios, pero sí hay una división en torno a la inmigración y al euro. Dos grupos de países. Los del este, Italia y parece que Austria, frente a los del núcleo carolingio más España». 

Ultraderecha en españa

Toquemos madera. «Aquí no tiene peso por varias cuestiones: por raíces históricas, porque nuestra inmigración procede de países latinoamericanos, con los que no tenemos dificultades de asimilación, y porque el PP ha sido capaz de aglutinar todo lo que está a la derecha de lo que en Europa serían los democratacristianos y liberales. Recemos. Toquemos madera». 

brexit

Dificultades. «A medida que pasa el tiempo, los británicos se van dando cuenta de las dificultades de salir de la UE. Seguro que ahora se lo pensarían dos veces, pero no creo que tengan una segunda oportunidad».

 

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