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¿Cuál es la oposición que debe elegir?

A finales de julio se convocaron 23.156 plazas, a las que hay que sumar las 7.688 habilitadas en abril por el Ejecutivo de Rajoy

La Voz de Galicia

En estos momentos miles de personas están ya preparando la mayor oferta de empleo público realizada por un Gobierno en la última década. A finales de julio se convocaron 23.156 plazas, a las que hay que sumar las 7.688 habilitadas en abril por el Ejecutivo de Rajoy, con lo que la cifra total de puestos de trabajo públicos que se van a movilizar asciende a 30.844.

Estudiar, al menos, ocho horas diarias -quizá comenzar por cuatro en las primeras semanas- y no tirar la toalla a la primera son consejos básicos para los opositores, quienes deben dosificar fuerzas y plantearse objetivos parciales, además de implementar técnicas de estudio sin jamás minimizar la importancia de los repasos, lo que se considera imprescindible para confirmar la memorización de esos cientos y cientos de folios.

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Ángela de las Heras, directiva del Centro de Estudios Financieros, considera que cualquier persona debe hacerse una serie de preguntas para saber qué oposición debe elegir. Entre otras, si tiene la información correcta. Por lo que solo debe dirigirse a las fuentes fiables como son el BOE o las webs de los organismos convocantes.

Al ser una actividad no remunerada y altamente demandada, el estudiante debe analizar si su situación personal le permitirá estar meses e incluso años sentado frente a una mesa. Tiene que tener claro que las plazas del grupo A1 precisan un estudio tan exigente que no es posible -siempre habrá alguna excepción- compatibilizar su preparación con un trabajo, por ejemplo.

De acuerdo con la responsable del CEF, «al opositor le conviene pensar en el medio y largo plazo. Los exámenes a los grupos A1 y A2 requieren mayor tiempo de preparación (de dos a cuatro años), pero también son los que ofrecen mayores expectativas de éxito si se trabajan bien». Hay que pensar en positivo: «Las plazas más duras en cuanto a programa son también las que cuentan con mejores ratios de puestos convocados por instancias presentadas, aspecto muy a tener en cuenta al elegir una oposición u otra».

Si alguien está dispuesto a comenzar a estudiar una, desde el departamento de De las Heras se recuerda que debe analizar la regularidad con la que se convocan plazas en el ministerio o institución en el que la persona en cuestión aspira a entrar, porque frente a las convocatorias estables hay otras más esporádicas, «y lo más prudente es decantarse por cuerpos de los que haya un histórico de cierta regularidad y en las que haya una expectativa de que vuelvan a ser convocadas en un lapso de tiempo y con una cantidad de plazas razonables».

El interesado también debe preguntarse dónde van a destinarlo y con qué sueldo. Esta pregunta es clave porque, una vez aprobado el examen, tiene muchas posibilidades de aterrizar en una ciudad que no es la suya y que, posiblemente, esté a cientos de kilómetros. Por lo tanto, es importante dedicar un tiempo a saber dónde están las plazas a las que se aspira y el nivel retributivo.

¿Quién no se ha encontrado a un funcionario detrás de una ventanilla al que no le interesa lo más mínimo el trabajo que está realizando y mucho menos si atiende correctamente las demandas del administrado? Esa actitud tendrá una explicación que podría ajustarse a una razón bien sencilla: al trabajador público que se acaba de describir es probable que le importe tres pitos lo que hace. Por lo tanto, si usted aspira a una plaza será «importante averiguar qué opciones de desarrollo de carrera o de promoción puede ofrecerle el puesto elegido», además de hacer una análisis concienzudo de su personalidad para saber si tiene una clara vocación de servicio público. Si no es así, piense que «un sueldo fijo para toda la vida [... ] no es suficiente para sentirse realizado y tener éxito en una futura profesión».

¿Cuáles son las otras características que tienen que tener los opositores? Saber que con la preparación de la plaza elegida no valen experimentos, ni medias tintas, ni poner en práctica esa frase de «me presento a ver qué pasa». Se advierte que se trata de «una tarea solitaria y a menudo ingrata que requiere una voluntad de hierro, mucha resiliencia y una alta capacidad de automotivación. Una aventura que solo es posible emprender desde un firme convencimiento y compromiso personal». Eso sí, los que aprueban se sienten como si les hubiese tocado la lotería.

 

 

Tags: Empleo Función pública Empleados públicos
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