La Voz de Galicia

Correr con el cochecito a cuestas

Deportes

MARTA DE DIOS

La atleta olímpica, Alessandra Aguilar, vuelve a ponerse en forma en compañía de su hija Ariadna

01 Jan 2020. Actualizado a las 21:55 h.

Sus zapatillas golpean la gravilla con suavidad. Alessandra Aguilar trota despacio por el paseo que corona la Muralla de Lugo mientras empuja un carrito de bebé. Dentro, su hija Ariadna duerme plácidamente mecida por el traqueteo de un deporte que forma parte de su madre, casi tanto, como ella misma.

Sus zapatillas golpean la gravilla con suavidad. Alessandra Aguilar trota despacio por el paseo que corona la Muralla de Lugo mientras empuja un carrito de bebé. Dentro, su hija Ariadna duerme plácidamente mecida por el traqueteo de un deporte que forma parte de su madre, casi tanto, como ella misma.

«A veces vamos juntas a correr porque es la única manera y si no, no puedo salir. Algunos días coincide que mi marido está liado mañana y tarde con el trabajo, mi familia está aquí y mis suegros todavía trabajan. Prefiero hacer menos con ella, que quedarme en casa y no hacer nada», dice la atleta lucense con una sonrisa amplia. Olímpica en Pekín, Londres y Río y considerada una de las mejores maratonianas del país, Alessandra Aguilar acaba de cumplir los 40 años y estrena maternidad.

«Quiero volver», reconoce cuando recuerda su vida de deportista de élite, «pero no me lo planteo porque no sé cómo me va a responder el cuerpo. 40 son muchos años y ahora estamos con la peque. Es cierto que ya empieza a descansar, pero realmente no sabemos cómo va a ir la cosa. Me estoy encontrando muy bien, pero también es cierto que estoy rodando con mucho gimnasio, cuando le empiece a meter algo más de intensidad sabré cómo respondo».

Afincada en Torrelodones desde hace cuatro años, acaba de pasar unos días en Lugo visitando a su familia. Desde que Ariadna tiene tres meses, ha vuelto a salir a correr con regularidad. «Me voy amoldando a sus horarios. Si después del bibe de la mañana se queda dormida y mi marido libra, entonces yo aprovecho y me voy en ese intervalo». Si sale con el carrito, la rutina es diferente: «Corro menos tiempo, una media horita. Hay que ir más despacio y tienes que ir con mucho más cuidado. En donde yo vivo hay muchísimas cuestas, también hay que prestar atención a los baches. A veces, también la pongo en su hamaca y hago mis ejercicios, en función de cómo va ella, pero no me quejo porque es muy buena».

Su hija la observa tranquila mientras habla y cuando percibe la mirada de su madre, sonríe con ternura. «Normalmente va durmiendo y ni se entera», explica Aguilar entre risas sobre cómo lleva la niña lo de salir a correr con su madre, «no extraña nada y se ríe con todo». Desde que Ariadna empezó a dormir y ella pudo descansar, se planteó en serio volver a correr. «Al principio solo caminaba, luego empecé a ir al gimnasio. Para eso sí que necesitaba que estuviera alguien en casa. Me la puedo llevar conmigo, pero prefiero tener ese rato solo para mí. Si estás con ella, no estás a lo que tienes que estar».

«No se puede penalizar la maternidad como una lesión»

Intentará recuperar su vida de deportista sin presión, con la calma de que «antes de ser madre ya llegué a donde quería». Aunque su plenitud no evita que se indigne ante casos como el de Serena Williams, penalizada por Roland Garros por su maternidad; o el de Blanca Manchón, que se tiró meses sin patrocinadores tras tener un hijo y a pesar de haber ganado seis veces el campeonato del Mundo de windsurf. «Estamos penalizadas claramente y no me parece justo, yo creo que el deporte siempre ha tenido un toque machista, creo que cuando estás dentro no eres consciente del todo, pero cuando empiezas a estar algo más fuera o decides dar pasos así, ves cómo van las cosas. Sé que se están haciendo pequeños avances, pero queda mucho», lamenta.

Sabe lo que es poner su cuerpo en el límite y, como todo deportista con una larga trayectoria en la élite, conoce de primera mano los trastornos de las temidas lesiones. «No se puede penalizar la maternidad como una lesión, porque no es lo mismo una parada por una cosa que por la otra y te penalizan del mismo modo», denuncia. Relata que «he tenido suerte y he mantenido los espónsores, pero no sabes cuanto va a durar. No estamos cubiertas y estas cosas hay que cambiarlas. Espero que si mi hija se dedica al deporte, cuando sea mayor, esto haya cambiado un poco».

Miembro de una saga de atletas de alto nivel, Aguilar reconoce que le gustaría que su hija también hiciera deporte. «Le aportará muchos valores y es algo muy bueno para los niños pequeños. Ya veremos que es lo que elige, que luego a lo mejor me sale sedentaria», suelta risueña, «pero ojalá le inculquemos esa pasión». De momento, el reto será ir juntas a alguna carrera, Alessandra Aguilar dice que estuvo «a un tris» en San Juan de Luz.


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