M-Clan ilumina el PortAmérica y revela que la música puede ganar al fútbol
Cultura
Al emblemático Carlos Tarque y su banda les tocó la compleja papeleta de actuar mientras España se la jugaba en el Mundial y fueron magistrales
11 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.
A Carlos Tarque, emblemático vocalista de M-Clan, alguien debería regalarle una de esas camisetas que dicen cosas como «si la vida te da limones, haz limonada». Le va al pelo a este hombre que, como buen roquero, no envejece. A Tarque y los suyos les tocó la peor papeleta posible en el PortAmérica, el festival que sigue rugiendo en las Rías Baixas. Salió a tocar justo cuando España se la jugaba contra Bélgica en el mundial. ¿Y? Eso debió de pensar el cantante, que salió a la palestra ya metidísimo en el concierto y, a las primeras de cambio, se lanzó con esa que proclama «he visto una luz». Y se veía su luz. Resulta que hay partido entre el fútbol y la música. Y que hasta puede ganar la segunda.
Aunque su voz en perfecto estado de conservación tras décadas en el escenario obligue, injusto sería arrancar la crónica del segundo día del PortAmérica por M-Clan. Hubo vida mucho antes. Desde las seis de la tarde, Eladio y los Seres Queridos, Candela Liste, Alejo, Repion y Eliades Ochoa pusieron toda la carne en el asador. Y demostraron qué es lo que hace que el PortAmérica tenga ese nombre. Que no es, como algún despistado piensa, porque se celebra en Portas, que no hay que olvidar que antes nació en Nigrán y luego fue a parar a Caldas antes de recalar en el actual recinto. Se llama así porque sus creadores quieren que sea una puerta a la América latina con la que tanto compartimos. Y los ritmos de Eliades Ochoa bien lo demostraron.
Tocaron todos ellos mientras el personal iba apareciendo. Una cosa está clara: o los abuelos se han rebelado y ninguno se quiso quedar con los nietos o ir a festivales ya es un plan familiar en toda regla. La cantidad de rapaces y adolescentes es de tal magnitud que uno se imagina que si el bueno de Neira Vilas volviese a Galicia ahora que las Letras Galegas lo llaman tendría que escribir las andanzas de un neno festivalero en vez de labrego. Eso de ir en familia a los festivales tiene su cosa. Porque hace que se diversifiquen de forma brutal. Y, a la vez, la madre puede estar probando un pincho de un chef Estrella Michelin, el padre mirando bolsos en los puestos de artesanía, su hijo jovenzuelo quedándose algo atónito con los protectores de vulva y ano que regalan en el punto violeta de la Xunta y el pequeño de la familia intentando hacer una regueifa en un puesto donde, si clavas las rimas, hay regalo.
Conforme la tarde cae, los estómagos piden papas y casi nadie se resiste a probar una de las tapas de los cocineros famosos que cada día ofrecen sus pinchos a razón de cinco euros por tapa, pero para llenar el buche después de la degustación está el ejército de food trucks y, cómo no, la tienda del pueblo. Eso es otro mundo. Bocadillos de medio metro con Fernando detrás del mostrador avisando de que las barras de pan andan ya contadas y los panaderos no dan abasto.
Pero volvamos a la música. El sol aún no se había ido cuando el primer gran grupo de la noche, M-Clan, salió al escenario. Tarque, en lucha con el partido, que se veía en los móviles y las pantallas de la zona de restauración, no se anduvo con chiquitas. Tiró de oficio, tocó con las tripas y demostró que no andan engañados los que dicen que tiene la mejor voz del rock español. Y eso que, como él reconoce, lleva dándole a la nicotina desde tiempos inmemoriales. Dice que lo dejará. Que es estúpido fumar. Que así sea.
Lo que sí dejó Tarque fue al público más que preparado para redescubrir con taitantos años a los Hombres G y darse cuenta de que, en la época de lo políticamente correcto gritar un «sufre mamón» de vez en cuando y en clave divertida tampoco está tan mal. Que entre el dicho y el hecho siempre hay un trecho. A los Hombres G, que nadie se engañe, no los esperaban solo los cuarentones. Resulta que hay adolescentes que aman a la banda. Es el caso de Noa y Aarón, de 16 y 19 años y de Pontevedra, que desde horas antes esperaban en primera fila para poder verles hasta las canas a Summers y sus chicos.
Éxito gastronómico
Con el festival medio despachado (solo falta la jornada sabatina, aunque será a lo grande con, entre otros, Xoel, Amaia Romero y Dani Martín) empezaban a sonar ya muchas cifras grandilocuentes. Contaba el chef Pepe Solla, el encargado de la zona de alta cocina del festival, que el primer día habían despachado unas nueve mil tapas y mil postres. Todo a cinco euros por ración. Y sin pan ni vino, que diría cualquier paisano.
Después de los Hombres G, a la noche aún le quedaban por delante Sexy Zebras y Grande Amore. Prometía el programa y las ganas que se le veían a algunos, como Carlos, de Madrid, que se vino del tirón a Galicia después de trabajar porque dice que no hay PortAmérica si él no aparece. Ya descansará otro día, cuando haya tiempo. Como le dice Tarque a Maggie: «Sé que te repondrás». Así que suma y sigue. Que queda el último cartucho. Pum.
El festival y la lengua de signos
David, Alba y Raquel estaban este viernes especialmente emocionados. Ellos, de la entidad Lingua de Signos, son tres de los intérpretes en lengua de signos con los que cuenta el festival PortAmérica. Su emoción viene dada porque es la primera vez que un gran festival apuesta por la lengua de signos. Y eso es para celebrar: «Viñeron varias persoas xordas agradecernos que estiveramos aquí», señalaba. Y una joven, cuyos padres son sordos, lo corroboraba: «Yo les hago de intérprete en todo pero en un concierto me resulta imposible, me encanta que haya profesionales». Los tres contaban que para interpretar los conciertos tienen que ensayar duro, sobre todo con los más cañeros por lo rápido que avanza la letra. Agradecieron el ritmo pausado de Rigoberta Bandini, a las que les fue fácil traducir a signos el día anterior.