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«No cerramos en agosto», feliz debut literario de Eduard Palomares

La novela escrita por el periodista garantiza la diversión del lector con la primera y refrescante aventura de su detective becario Jordi Viassolo

Detalle de la ilustración de Toni Benages que ocupa la portada de la novela de Eduard Palomares «No cerramos en agosto», editada por Libros del Asteroide
La Voz de Galicia

Barcelona está en la uvi. Asediada por los excesos del turismo masivo, los pisos de arriendo vacacional y la presión inmobiliaria, tensionada por el proceso soberanista, con las calles tomadas cada dos por tres por tirios y troyanos, por si no era suficiente, la violencia y el crimen parecen haber hecho presa de la ciudad. En los últimos días, la crónica de sucesos se ha cebado con un lugar que había sido ejemplo de convivencia, modernidad y civismo. Necesita oxígeno con urgencia.

No va a arreglar tales problemas, pero el debut literario del periodista Eduard Palomares (1980) viene a señalar el camino. Con gran frescura, No cerramos en agosto es una novela negra que no olvida el poderoso legado de Manuel Vázquez Montalbán y Francisco González Ledesma -tampoco desconoce a Eduardo Mendoza y Carlos Zanón-, pero que sobre todo actualiza los códigos con un desenfado, una sencillez y un sentido del humor que contribuyen gratamente a desengrasar el ambiente.

Palomares inventa a un detective de los tiempos de hoy, un trabajador en prácticas que asume su condición, que encaja dignamente la precariedad laboral, los contratos basura, el encarecimiento de los alquileres, que, a sus 25 años, vive como un estudiante, come pizza congelada, bebe vino peleón comprado en cualquier paki y practica el botellón. «Ojalá pudiera explicar que me doy un homenaje al estilo de Pepe Carvalho en Casa Leopoldo o de Salvo Montalbano en alguna trattoria siciliana», señala para admitir sin ambages que su presupuesto para cenar no llega a 15 euros.

Jordi Viassolo es el nuevo becario de una agencia de detectives barcelonesa -consultoría de inteligencia y seguridad, le corrige la propietaria, Marina del Duque-, un millennial inseguro al que ayudará el investigador Recasens, que le ofrecerá un jugoso contrapunto en su respeto al arquetipo clásico del más cínico y socarrón private eye. Diversión garantizada.

Etiquetas: Turismo Sucesos