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Un arca de Noé en arenas movedizas

La convulsión y los enfrentamientos políticos son una constante en la historia de la democracia de Noia Son muchos los foráneos que después de residir una temporada en Noia se preguntan atónitos qué pasa en esta localidad, ya que en ocasiones parece como si pesase sobre ella una especie de maldición, a la vista de la rapidez con que la calma en el ámbito municipal se transforma en tempestad. Su historia política en lo que llevamos de democracia es un claro reflejo.

La Voz de Galicia

S. A. L. NOIA. Corresponsal Desde la instauración de la democracia hasta la actualidad, nunca llegó a fructificar, pese a varios intentos, una moción de censura en Noia. Para tratar de explicar el porqué de las continuas tensiones y polémicas de corte político que estallaron y siguen haciéndolo en esta localidad, resulta bastante significativo un dato: desde 1979 hasta hoy, las urnas sólo arrojaron dos mayorías absolutas: la de Jesús Díaz Fornas (en el 83, cuando cosechó para el PSOE doce de diecisiete escaños) y la de Pastor Alonso de 1991, con once concejalías para el BNG. Como tónica dominante, los gobiernos de coalición o en minoría se impusieron en el devenir de Noia y acabaron en muchos casos como el rosario de la aurora. Al final de la etapa de Díaz Fornas como regidor (1979-1987), se produjo una escisión en el PSOE con la dimisión de Moas Pazos. El motivo fundamental fue que los partidarios de que Moas accediese a la alcaldía cuando Fornas salió elegido diputado nacional, no vieron cumplido su deseo. En el 87, PSOE y PP no llegaron a un entendimiento, por lo que gobernó la lista más votada, que fue la del BNG de Pastor Alonso, con cinco ediles. Este «encantador de serpientes» sorprendió a propios y extraños al concluir el mandato con cuatro concejales más en su grupo, salidos de las filas populares y socialistas. Este es uno de los períodos de mayor convulsión social, con conflictos imborrables de la memoria de los noieses como las areneras, la toma de la isla de A Creba, el vertido de basuras en San Lázaro y la batalla librada por el entonces secretario del Concello, Carrasco Uceda, contra el alcalde. A pesar de esos lamparones, Alonso logra, como si de un milagro se tratase, la mayoría absoluta en el 91, aún cuando dentro de su partido muchas voces pedían su cabeza. En el 92, lo expulsan del Bloque a él y a todos los miembros del consello local. Poco después, lo inhabilitan y ocupa la alcaldía Bieito González. Se funda Alternativa Galega (AG), hace crak y se fragua sin éxito una moción de censura. Toda esta situación desemboca con el aterrizaje del Partido Popular en 1995 en el gobierno local, con ocho ediles liderados por Carmen Abeijón a los que se suma Díez Rechou de AG. La basura pasa factura de nuevo con el conflicto de la empacadora y el PSOE, apoyado por el BNG, recobra el poder, aunque en minoría.

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