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Barbanza concentra la mitad de las carpinterías de ribeira en activo

En toda Galicia quedan menos de una veintena de astilleros dedicados a la madera

La Voz de Galicia

«A carpintería de ribeira está condenada a desaparecer, quedará testimonialmente». Tan pesimista augurio sale de una de las voces más autorizadas del sector, la de Gerardo Triñanes, expresidente y uno de los impulsores de la asociación que aglutina a los astilleros dedicados a la construcción naval en madera que sobreviven. El término supervivencia no es una exageración, ni tampoco el pronóstico de Triñanes, porque en el conjunto de Galicia quedan menos de una veintena de establecimientos de este tipo, y la cifra va menguando. En este contexto, el consuelo que queda es que el territorio barbanzano es una potencia en este sector y aglutina a la mitad de las carpinterías navales que siguen en activo.

No hay otro territorio en el litoral gallego con semejante concentración de astilleros dedicados a la madera. La Asociación Galega de Carpintería de Ribeira (Agalcari) los aglutina, al menos a la mayoría, y tienen contabilizados en su censo un total de 16. De ellos, ocho se reparten entre Boiro, Rianxo, Aguiño y O Freixo, mientras que los ocho restante están salpicados por la costa gallega, desde Vigo hasta A Mariña, pasando por O Grove o Sada.

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Con el objetivo de preservar esta actividad y ponerla en valor nació en el 2007 Agalcari, pero ni eso ha logrado frenar el cierre de negocios de este tipo. Gerardo Triñanes da datos que hablan por sí solos: «Nos anos 70 había máis dun cento de carpinterías, pero a finais dos 80 e principios dos 90 irrompeu o poliéster e, pese a ser un material altamente contaminante que non se pode reciclar, empezou a gañarnos a batalla. No 2007 quedabamos entre 25 e 30 estaleiros, e hoxe non chegamos a 20». El problema es que el derivado del petróleo sigue siendo el material más empleado en la construcción de nuevas embarcaciones: «Segue sen haber cultura de conservación das tradición e de coidado do medio ambiente», se lamenta.

Para colmo, ni siquiera los 16 astilleros asociados a Agalcari se dedican exclusivamente a la madera, y los que lo hacen se cuentan con los dedos de la mano. Uno de ellos es el del presidente el colectivo, el rianxeiro Ramón Collazo, que reconoce que la demanda de barcos de este material es muy escasa, a pesar de que la actividad de las carpinterías de ribera que resisten en activo se concentra en aguas de las rías de Arousa y Muros-Noia: «Aquí están concentradas a maior parte das bateas e o noso mercado principal nos últimos 30 anos foi o mexilloeiro», concreta Collazo.

Recuerda los tiempos en los que en un municipio como Rianxo había más de media docena de astilleros. Hoy solo quedan dos, que deben diversificar para mantenerse abiertos. El año pasado, entre todos los socios de Agalcari botaron unas cinco embarcaciones nuevas, así que se buscan nuevas vías de mercado. La carpintería de Collazo transformó un bateeiro en un barco de pasaje que ahora surca el Nervión.

Objeto de museo

Resulta paradójico que al mismo tiempo que está en marcha la declaración de la carpintería de ribera como bien de interés cultural no se tomen otras medidas por parte de la Administración para evitar que esta actividad acabe convertida en objeto de museo. En su momento fue un sector pujante que continúa teniendo capacidad para generar riqueza aplicando nuevos materiales y técnicas a la construcción en madera y creando productos distintivos con un importante valor patrimonial.

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