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«Intenté salvar la antigua Casa Mar pero su armadura estaba oxidada»

El arquitecto César Portela está satisfecho del resultado final, a pesar de los recortes, pero hubo momentos en que el solar parecía «un campo de batalla»

La Voz de Galicia

«Siempre me ha gustado Beiramar. Ya de pequeño iba al Cristo de Bouzas con mis padres y paseaba por la orilla de la ría viendo los barcos y me encantaba este espacio», señala el arquitecto César Portela, premio nacional y autor de laureados proyectos en España y el extranjero. A sus 80 años no para de trabajar y está remodelando el aeropuerto de Barajas y el de Palma de Mallorca. Ante de coger el avión para dirigir estas obras hace una pausa para recordar el proyecto del auditorio Mar de Vigo, una obra largamente gestada que fue ideada por el entonces alcalde Carlos Príncipe y a la que el conselleiro Xosé Cuíña dio su visto bueno en 1998, pero que no se inauguró hasta el 26 de marzo del 2011 con Abel Caballero como regidor y Alberto Núñez Feijoo al frente de la Xunta, como recogió La Voz.

Aunque se había pensado en una ópera para abrir el telón, finalmente fue un espectáculo de Luz Casal el que alumbró un recinto con capacidad para 1.500 personas en la sala principal y otras 500 en otra de la parte superior.

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Portela se había impuesto en el año 2001 en el concurso internacional en el que compitieron grandes figuras de la arquitectura como Eduardo Souto de Moura o David Chipperfield. El arquitecto pontevedrés ya gozaba de enorme prestigio, había obtenido el Premio Nacional de Arquitectura en 1999 y había proyectado edificios emblemáticos como la Domus, el Museo del Mar, junto con Aldo Rossi, y auditorios como el de Vilalba o Vilagarcía, entre otros.

El autor primero pensó en la rehabilitación de Casa Mar. «Era un edificio industrial que me encantaba. Le dimos mil vuelta para ver cómo podíamos conservarlo. Era precioso, pero las armaduras estaban oxidadas y no quedó más remedio que demolerlo».

Cuando vio que no se podía salvar la fachadas de la emblemática empresa pesquera se planteó una arquitectura «de vanguardia y, a la vez, expresión de la mejor tradición arquitectónica gallega, una obra emblemática, monumental, fiel expresión de sus contenidos y capaz de enfatizar el borde urbano y de ganar el litoral, hermanando la ciudad y la ría con su presencia, haciendo realidad el deseo popular de abrir Vigo al mar». Estuvo trabajando en el proyecto a lo largo de 2007 y 2008, pero las obras, ejecutadas por una UTE no se concluyeron hasta tres años después. «Todos los proyectos son como una guerra, se sabe cuándo empiezan pero no cuándo van a acabar».

Los recortes en el presupuesto obligaron a algunas modificaciones importantes. Inicialmente estaba previsto invertir 100 millones de euros, pero la cifra se rebajó a 77. Ello obligó a algunas omisiones. Estaba planeada una pasarela hasta la lonja y conectar con un restaurante al borde del mar y luego enlazar el auditorio con el monte de O Castro a través de un corredor verde jalonado de jardines. De esta manera se facilitaría el acceso desde el centro de la ciudad con un descenso hasta el auditorio de una manera muy agradable. No se hizo y el abandono de la zona sigue siendo uno de los problemas que tiene Beiramar. «El auditorio iba a ser la cabeza de puente de toda la recuperación del entorno, pero no se ha llevado a cabo», lamenta.

El proyectista se debatió entre una fachada opaca y otras completamente acristalada y al final logró una solución intermedia, con un revestimiento de una malla de acero galvanizado. En esta espacio destaca un gran vestíbulo, con un enorme ventanal hacia la ría. Por eso La Voz lo bautizó como «un auditorio con vistas».

A la hora de pensar en la obra tuvo en cuenta a su fallecido amigo José Bar Boo. «Siempre pienso en él cuando hago un proyecto en Vigo, tengo en cuenta lo que me diría si lo viese», asegura.

Cuando empezaron las excavaciones comenzaron también los problemas porque se encontraron con un subsuelo muy complicado de rocas y arena que generaron dificultades de cimentación. «La colaboración de la ingeniería Idom fue fantástica como la de los técnicos municipales y la de los políticos». Aunque reconoce que «hubo momento muy duros» nunca pensó en tirar la toalla, consciente de los problemas que pueden surgir en un proyecto de envergadura.

A pesar de todo cree que el emplazamiento del auditorio es el más acertado frente a otros como la ETEA. Aunque el proyecto inicial está inconcluso cree que nunca es tarde para reurbanizar el entorno dominado por el granito gris Mondariz y el acero. Y subraya que en una obra «es tan importante el arquitecto como el cantero».

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