La frase del titular es de la arqueóloga municipal, Cristina Toscano. Se refiere al conjunto de la mayor salina romana hallada en Galicia, un yacimiento que comenzó a salir en 1992-93, durante las excavaciones dirigidas por P. Soto, Á. Acuña, Mª S. Prieto y X. C. Castro.
Ya en el año 2000, Xoán Carlos Castro detecta nuevamente las salinas en la calle Rosalía de Castro, donde ahora se levanta la Salinae. Eduardo Rodríguez Sáiz, entre el 2002-2003, realiza unos sondeos en la calle Oporto y detecta un nivel de salinas. Tres años más tarde, el arqueólogo Víctor J. Barbeito Pose abría la mayor fuente de documentación arqueológica detectada en Vigo: el solar denominado Rosalía de Castro II, donde se pudo apreciar la verdadera dimensión del campo salinero romano.
Todas estas intervenciones forman parte de un todo que aún no se conoce en su verdadera dimensión. Sí hay unanimidad en que los romanos iniciaron la explotación durante el siglo I y que se mantuvo hasta finales del II o comienzos del siglo tercero. En el siglo primero, los arqueólogos han detectado en O Areal un descenso del nivel del mar, con la consiguiente consolidación del suelo. Al parecer los romanos aprovecharon este descenso para hacer salinas.
Durante los siglos II y III, el nivel del mar siguió bajando y las tierras procedentes de arrastres de laderas prosiguieron consolidando los suelos. Este alejamiento del mar inutilizó las salinas. Es a partir de entonces, según han ido conociendo los estudios arqueológicos, cuando ese mismo terreno es empleado para la realización de tumbas de incineración y, posteriormente, ya a finales del siglo III, aparecen las tumbas de inhumaciones de cadáves, con ataudes de tapa.