La falta de jóvenes contrasta con el auge demográfico del último lustro, cuando nacieron más de 12.000 niños
El único municipio con saldo positivo en la última década es el más pequeño, Mondariz Balneario
Están llamados a ser la generación Youtube. El mundo nació para ellos con un ordenador ya conectado a Internet. Son el futuro, aunque de momento su mayor preocupación es bucear en la adolescencia. Comparten calle con menos chavales que hace una década, porque Vigo y su área han perdido 20.981 jóvenes de entre 10 y 19 años desde 1997. De interior o de costa, no hay concello que no se libre de esta sangría, excepto Mondariz Balneario. El municipio más pequeño es el único que sale airoso, calculadora en mano, puesto que el año pasado tenía 66 jóvenes, 18 más que hace una década.
El sur de Pontevedra no es la excepción. Los pocos nacimientos en la década de los 90 y finales de los 80 contagian a toda Galicia, donde en la actualidad hay más de 230.000 adolescentes frente a los 345.000 del 1997. Los números rojos no se quedan en la lista de la época del instituto; los universitarios de la provincia tienen también menos colegas con edades de 20 a 25, casi un 40 por ciento menos.
En favor de la base de la pirámide, resalta el auge demográfico de los últimos cinco años, que se puede apreciar tanto en las estadísticas, con 12.333 más niños en Galicia, como en el área de matronas del hospital Xeral. Por aquí pasaron muchos de los casi 13.000 niños, 2.800 más que hace diez años, nacidos en el último lustro en la ciudad.
Para conocer un poco más a a los adolescentes, La Voz ha querido acercarse a tres jóvenes, en pleno cambio a la ESO, que representan las diferentes Galicias en un radio de menos de 60 kilómetros: Vigo, la ciudad más grande de la costa, con acceso a las últimas tecnologías y una población que ronda los 300.000 habitantes; Ponteareas, un municipio pujante que en los últimos años ha alcanzado los 22.000 vecinos y se nutre de su conexión con la costa, y Arbo, un entorno rural donde sus casi 4.000 habitantes disfrutan del aire libre y luchan por mantener los servicios básicos con una buena calidad pese a la pérdida de población. Una pequeña muestra de los futuros gallegos.
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