La comunidad internauta, acostumbrada al cambio constante, se adapta como nadie a las nuevas circunstancias. La persecución implacable a las descargas está derivando en el consumo de contenidos de entretenimiento por streaming desde cualquier dispositivo fijo o móvil sin necesidad de que estos sean descargados. Se habla de una era posdescargas en la que poco a poco van cambiando los hábitos, soportes y prejuicios. Incluso cuando el dinero está en juego. Si antes la idea del cobro por contenidos causaba chispas en Internet, ahora se van asentando los micropagos (por ejemplo, pagar un euro por una canción en lugar de comprar el álbum entero). Esta opción va calando cuando buscamos ocio en la Red, pero queda la asignatura pendiente de que se asuma el pago por contenidos informativos digitales. Cuestión de tiempo.
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