Los fieles pueden comer en el hotel de lujo entregando dos vales
La carta de comida que cuelga junto a la entrada principal del hotel Palace de Madrid no es la habitual. «Menú del peregrino», especifica en español e inglés. Mucha gente se detiene a verla. Un grupo de amigas de Canarias ya lo han probado. Como la vigilia de la noche es en Cuatro Vientos, los fogones de este establecimiento de lujo han tenido que empezar a funcionar antes de lo habitual. «Esto es maravilloso. Es un trato especial», comenta satisfecha Isabel. Porque pocas veces puede decirse que se ha comido en el Palace y menos a cambio de uno o dos de los vales de comida que fueron repartidos a los peregrinos a su llegada a Madrid.
Para María José, que es de Arzúa, es una oportunidad. «Non me digas. Hai que aproveitar que podemos cenar no Palace. A ver se podemos ir porque como vamos co grupo...», comentaba el día anterior.
La mañana continúa en el hotel. En el interior, frente al comedor, un camarero explica a unos peregrinos en perfecto inglés qué hay para comer. Lo hace ante una mesa en la que se muestran los platos. Por un vale pueden pedir un sándwich o pastel de verduras. Por dos, pollo asado con patatas y natillas de postre. La bebida va incluida. Y no tiene límite. En el comedor, los camareros desfilan como en un baile. Pero sus clientes no son habituales. Son peregrinos.
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