Rafael Matesanz confía en que las vísceras artificiales acaben con las largas esperas y el riesgo de rechazo
«El futuro está en la producción de órganos artificiales a partir de células madre», asegura Rafael Matesanz, fundador y director de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), que ve cercana la posibilidad de hacer realidad el viejo sueño de «contar con órganos a medida» para cada paciente. El creador del afamado modelo español de trasplantes, el más eficiente del mundo, confía en que los avances de los próximos años, que hoy nos parecen propios de la ciencia ficción, acaben con las agónicas esperas de quienes necesitan trasplantes de órganos y con el riesgo de rechazo, y en que alarguen además la esperanza media de vida.
El eficaz sistema instaurado por Matesanz hace 21 años no ha sido superado aún por país alguno, se mantiene como referente mundial y ha sido reconocido recientemente con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2010. «En España se han realizado más de 70.000 trasplantes de órganos y cerca de 300.000 de tejidos, algo impensable hace unos años», afirma el máximo dirigente de la ONT.
En este tiempo, el reto científico de los trasplantes ha cambiado por el de la captación de donantes y la gestión de las listas de espera, a la vez que se han destruido las barreras de la edad y del tipo de órganos susceptibles de trasplante, destaca Matesanz, al que ya solo le queda por ver un trasplante de cerebro, aunque reconoce con humor que «el mito de Frankenstein es inalcanzable hoy por hoy».
Vida frente a la muerte
Matesanz recuerda con una sonrisa las dificultades y sinsabores del pasado y reconoce que si le hubieran dicho hasta dónde se iba a llegar, «ni me lo hubiera creído». En los años ochenta, cuando este reputado nefrólogo decidió zambullirse en el complicado mundo de los trasplantes, las donaciones caían en picado. Hoy superan las 1.500 anuales y permiten llevar a cabo más de 4.000 intervenciones. «Cuando se trasplantan todos los órganos de un donante se están transfiriendo más de 56 años de vida», apunta. Todo gracias al trabajo bien estructurado. La organización es imprescindible porque en cada donación se ponen en movimiento hasta cien personas -trabajadores de hospitales, aeropuertos, protección civil, ambulancias, policía...-. Cada una de ellas cumple exactamente con su cometido, sin posibilidad alguna de fallo. «Un retraso puede impedir salvar una vida», advierte Matesanz.
A lo largo de estos años, ha habido momentos positivos y otros muy desagradables en los que incluso se planteó la posibilidad de tirar la toalla, pero, parafraseando al Nobel Camilo José Cela, el director de la ONT defiende que, «al final, el que aguanta es el que gana».
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