En la cuenca del Mandeo la población salmonera es la última que queda del arco Ártabro, tras su extinción de los ríos Eume, Mera y Xuvia. La construcción de una minicentral hidráulica hace que el porvenir de la especie sea muy negro, según el atlas.
El río Lérez tiene una población creciente de salmón, con más de cien ejemplares controlados en los últimos años. La proporción de ejemplares repoblados está en torno al 60%. El registro de capturas en el Umia ha sido anecdótico, según refleja el informe, al haber sumado tan solo 20 salmones desde 1949. En el Ulla las capturas de adultos recuperan población tras los alarmantes valores de los años noventa. En la cuenca del Tambre, a partir de los setenta, son casi simbólicas.
En el río Grande do Porto, un pequeño curso que desemboca en la ría de Camariñas, las prospecciones estivales no han detectado la presencia de juveniles, «por lo que cabe dar por extinguido al salmón de este río», según el atlas. Una de las causas de la desaparición, recogida en el atlas, es la presencia de diversos obstáculos a lo largo del cauce, sin dispositivos de franqueo o con escalas muy defectuosas.
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