El equipo del Instituto Craig Venter es el responsable de este logro.
Genetistas del Instituto Craig Venter crearon una bacteria con un genoma artificial, según informan en la revista estadounidense «Science», en su edición de mañana viernes.
Los especialistas construyeron los genes de una bacteria a partir de fragmentos de genoma, al que introdujeron luego en otra especie de bacteria. La célula que recibió el genoma artificial comenzó a producir proteínas que estaban codificadas en éste, mientras que el genoma original fue eliminado.
De esta manera, los científicos crearon una célula que está controlada por un genoma foráneo, por lo que la denominaron «célula sintética», pese a que sólo el genoma es artificial.
Estas células se convertirán en un herramienta poderosa en el intento de hacer que la biología «haga lo que nosotros queremos», dijo Craig Venter, fundador del instituto que lleva su nombre, con sede en Rockville. «Tenemos una gran variedad de aplicaciones» en mente, añadió el genetista.
Los experimentos realizados por el equipo encabezado por Venter son, según dijeron, un paso más en el camino hacia el desarrollo de bacterias que produzcan biocombustibles o que sean capaces de absorber el dióxido de carbono, principal gas responsable del calentamiento global de la Tierra.
Estas bacterias artificiales también podrían ser útiles en el futuro en la producción de vacunas, indicaron Venter y sus colegas.
Sin embargo, los investigadores no lograron crear un organismo nuevo completo, ya que necesitaron para su trabajo al menos del genoma original de una bacteria y de la envoltura de una segunda bacteria.
En primer lugar, los investigadores sintetizaron el genoma de la bacteria Mycoplasma mycoides en varias etapas.
Hasta ahora sólo es posible formar moléculas de genoma relativamente cortas. Por este motivo, los especialistas introdujeron los fragmentos cortos en células de levaduras, cuyas enzimas se encargaron de unirlas.
Las moléculas más grandes de ADN fueron introducidas en bacterias Escherichia coli y de nuevo en levaduras. De esta manera, se obtenían fragmentos más grandes aún.
Este procedimiento se repitió varias veces, hasta obtener el genoma completo formado por más de un millón de pares de bases.
Este genoma artificial, que fue denominado «M. mycoides JCVIsyn1.0», fue introducido luego en la bacteria Mycoplasma capricolum.
Según Venter, el genoma artificial desplazó al genoma natural de la bacteria y asumió el control de las células. Para asegurarse de que el genoma artificial era el que se estaba expresando y no el natural, los expertos habían introducido en el ADN sintético ciertas marcas.
En el genoma artificial quedaron interrumpidos o desaparecieron 14 genes. Pese a ello, las células sintéticas tenían la apariencia de la bacteria M. mycoides y también sintetizaron las proteínas de esta especie, indicó el equipo del Instituto Craig Venter. Asimismo, las células artificiales eran capaces de reproducirse por sí mismas.
En experimentos pasados, los genetistas del instituto habían logrado reproducir artificialmente el genoma de la bacteria Mycoplasma genitalium a partir de fragmentos sintéticos de ADN.
Posteriormente, los especialistas hallaron un modo de introducir el genoma natural de la bacteria M. mycoides en las células de M.
capricolum, donde asumió el control del organismo.
En este nuevo experimento, el equipo encabezado también por Daniel Gibson, además de Venter, combinó ambos procesos.
«Éste es un paso importante, y creemos que lo es, tanto desde el punto de vista científico como filosófico», dijo Venter. «Seguro que cambió mi visión sobre la definición de la vida y más allá de eso, de cómo funciona la vida».
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