«En los congresos, la mayoría de los inscritos son mujeres, pero estas acaban reducidas a unos pocos nombres entre los conferenciantes»
maría José Alonso | Catedrática de Farmacia, investigadora y vicerrectora de la USC
«Resulta curioso ver cómo en los congresos científicos la mayor parte de los inscritos son mujeres, pero estas acaban reducidas a unos pocos nombres en los listados de conferenciantes». Esa paradoja es algo que choca a María José Alonso. Vicerrectora de Investigación de la Universidade de Santiago, esta catedrática de Farmacia y Tecnología Farmacéutica ha capitaneado proyectos financiados por la OTAN, la Organización Mundial de la Salud, la Comisión Europea o la Fundación Gates. Por eso, quiere lanzar un mensaje en el Día de la Mujer Trabajadora: «La mujer tiene que tener ambición y superar las barreras culturales que, muchas veces, acaban frenando su carrera».
«En la Universidad hay un mayor número de estudiantes mujeres. Lo mismo ocurre al repasar los listados de personas que están haciendo el doctorado. Pero la estadística acaba invirtiéndose al llegar a los posgrados o al revisar el número de coordinadoras de grupos de investigación», explica.
Educación
Pero esta científica, que está a punto de rematar un proyecto relacionado con la elaboración de una vacuna contra la hepatitis B que se inocula vía nasal, tiene clara cuál es la razón que explica la paradoja. «Se han superado muchas de las barreras que separaban a hombres y mujeres, pero hay otras, las culturales, que acaban llevando a muchas jóvenes a tomar decisiones que van contra el desarrollo de su carrera», comenta.
En este sentido, apunta que la educación en el hogar, mayoritariamente, es sexista. Por ello, hay mujeres que en el momento en el que han de enfrentarse a un reto utilizan excusas como «es que no soy ambiciosa, a esto no voy a poder llegar o no estoy preparada para ese puesto. Muchas tienden a autolimitarse por culpa de los roles que todavía están vigentes», apunta María José. A todas ellas, las incita a ser ambiciosas.
Movilidad
Como científica ha visto lo que ocurre a las chicas que trabajan en su sector. «Llega un momento a los 26, 27 o 28 años, justo cuando acaban la tesis, en el que para hacer un posgrado o continuar con la investigación tienen que plantearse marcharse fuera. Ahí es donde muchas abandonan», explica.
En la carrera científica, que es muy larga, la movilidad es algo imprescindible. Esta investigadora lo sabe bien. Ha estado en Francia, Estados Unidos... A ella no le fue complicado elegir marcharse fuera a investigar cuando llegó el momento porque, como recuerda, entonces no tenía una pareja. «Es extraño que una pareja vaya con una chica al extranjero, aunque al contrario es mucho más común. Eso también es un freno para algunas. Cuando tenía 26 años buscaba conocer mundo. No tuve pareja hasta los cuarenta y hace un año y medio adopté un niño que tiene cuatro años y medio», dice. Cambia de tono cuando habla de Javier Dang. «Dang quiere decir fuerte», explica con orgullo.
En unos meses dejará el vicerrectorado y volverá a incorporarse de lleno a la investigación. También tendrá más tiempo para poder dedicárselo a la familia. Aunque todo es compatible. «Un puesto de responsabilidad es totalmente compatible con la vida familiar. Aunque es cierto que el padre tiene que implicarse y que hay que trabajar conjuntamente», explica. También tiene nuevos planes en cartera. «Ya vamos por la fase final del proyecto de la vacuna contra la hepatitis B, pero hemos pedido un plan europeo en colaboración con el Hospital Clínico de Santiago, colaboramos con el programa Zenit...», explica. Porque, como ha dicho antes, hay que marcarse nuevos retos.
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