Al más puro estilo de David y Goliat, un hostelero bilbaíno se enfrentó judicialmente con la fundación del museo por llamar a uno de sus pinchos huevonmheim.
Un hostelero bilbaíno ha ganado el pulso judicial que desde hace meses mantenía con la Fundación Guggenheim por llamar a uno de sus pinchos huevonmheim, después de que el Tribunal Supremo haya dado la razón al propietario del bar al considerar que no existe conexión con la marca registrada del museo.
José Pereda, el propietario del local, repite sonriente que «nosotros no nos hemos metido con nadie» al rememorar frente a la flamante barra de su bar el pleito que ha mantenido durante los últimos meses con la citada fundación, al más puro estilo David contra Goliath, por llamar huevonmheim a uno de sus pinchos.
El Tribunal Supremo ha fallado a favor del hostelero y ha rechazado el recurso de casación presentado por la institución museística, que buscaba impedir que el local denominara a sus más célebres creaciones culinarias «huevonmheim» o «baconmheim».
Pereda reconoce la evidente similitud en las terminaciones, aunque asegura que eligieron el sufijo «para darle nuestro cariño al museo, que consideramos que era y sigue siendo el motor económico de Bilbao y del País Vasco».
Pero tan noble intención no gustó nada al centro de arte moderno y contemporáneo, que se puso en contacto con el hostelero.
«Tuvimos una llamada por parte de una señorita del museo diciendo que no podíamos poner ese nombre», relata José Pereda, que se defiende porque «tampoco estamos haciendo ninguna competencia desleal» en un campo «que no sea el nuestro: los pinchos y los vinos».
Tras darle la razón la Oficina Española de Patentes y Marcas y el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, el Supremo considera que «no cabe afirmar que los productos que (el bar) trata de identificar, que lo son en principio de restauración, permitan considerar una cierta conexión o asociación con el museo que la marca ya registrada (...) protege».
El periplo judicial del pincho ha servido para atraer a más visitantes al local de «Josenmheim», como llaman los habituales al propietario del bar, que explica: «te dan la enhorabuena, porque a la gente le gusta que el pequeño se defienda ante los grandes».
El pincho de la discordia consta de una base de pan tostado, un huevo de codorniz frito sobre una loncha de jamón ibérico y «piperrada» (pimiento verde y rojo con cebolla pochada).
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