El arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal defiende la «cultura de a vida» durante la homilía de la Inmaculada Concepción.
Antonio María Rouco Varela, cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, afirmó que el aborto es «una cruel versión contemporánea del pecado de origen». Durante la homilía que pronunció durante la celebración de la vigilia en honor a la Inmaculada Concepción, que tuvo lugar en la madrileña catedral de la Almudena, el purpurado dio un paso más en la defensa de la «cultura de la vida» y sostuvo que «la vida es un don de Dios desde el principio de la creación».
«Desconocer, despreciar, maltratar y eliminar la vida física del hombre, sea cual sea el momento y la situación en que se encuentre desde el instante de su concepción hasta el momento de su muerte natural, implica el desprecio, el rechazo y la destrucción del don de la vida en su totalidad. Significa rechazar a Cristo, el autor de la nueva vida. Una radicalización suma del no a Dios, de la rebelión contra Él».
Este nuevo pecado original sólo puede traer 'muerte' al mundo y a la sociedad española. «¿Qué puede resultar para el futuro de una sociedad que acepta el aborto y lo facilita, que se deja inclinar por la pendiente inhumana e inmoral de la eutanasia, sino el de devenir una mal llamada civilización donde triunfa la muerte en todas sus variantes?», se interrogó Rouco abiertamente.
Rouco Varela contesta con las «palabras proféticas» de Juan Pablo II, que manifestaba que «para el hombre y la sociedad contemporáneas no hay más que una alternativa: la del Evangelio de la vida, del respeto y cuidado del don de la vida inviolable y sagrada y de la consiguiente 'civilización del amor', o la de la cultura y civilización de la muerte y de la muerte del amor». «Para un cristiano -agregó en su homilía--, para un hijo de María la Madre de la Iglesia, la elección es clara: ¡es la 'del sí' incondicional al Evangelio de la vida!».
Ante el presente año 2009, «inmerso en una profunda situación crítica no solo económica sino también cultural, moral y religiosa», Rouco reclama a los cristianos, especialmente a los jóvenes y las familias, «un serio, consecuente y valiente compromiso por 'la vida'».
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