Los alumnos que se adentran en las asignaturas de ciencias tienden a memorizar los contenidos, pero no los razonan. Esta es, según los expertos, una de las principales causas del fracaso. Los estudiantes pierden el estímulo porque la memorización les crea inseguridad. «Fai falta que teñan ilusión, aínda que realmente non é fácil ilusionalos, pero hai que facerlles ver que o que aprenden vale para algo, cando a sensación que teñen é que estudan cousas ás que en principio non lles ven utilidade», explica Paulino Estévez, presidente de Enciga.
Buscar una metodología que enseñe a los alumnos a aprender a razonar con problemas semejantes a los reales es uno de los objetivos del programa europeo Mind the Gap . ¿La clave? Lograr que el alumno tenga un papel más participativo, crítico y reflexivo. «Hay que darle más participación al alumno -explica Juan Ramón Gallástegui-, proponerle actividades o problemas auténticos, reales, usar pruebas, como se hace en la ciencia de verdad. Estimularlos para que sean capaces de argumentar con pruebas».
De lo que también se trata es de que los alumnos participen en el diseño de los experimentos y comprueben sus resultados. Un ejemplo de éxito es Alejandro Rivero de Aguilar, ex alumno del Instituto Rosalía de Castro de Santiago, premio Nacional de Bachillerato y ahora estudiante de Medicina con una gran vocación científica. «No tiene el mismo efecto -señala- que te expliquen una reacción en el encerado a que te lleven al laboratorio y tú puedas manipular los reactivos para ver los resultados. Así es mucho más fácil».
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