Las compañías ahorran combustible y los aviones contaminan menos, pero exige más trabajo a los controladores
«Consume menos combustible, emite menos contaminación y produce menos ruido. Todo son ventajas». Así resume Eduardo Gavilán, vocal del Colegio Oficial de Pilotos de Aviación Comercial, los beneficios más importantes que conlleva la instauración del aterrizaje verde. Según anunció esta semana el ministro de Fomento, José Blanco, este sistema se pondrá en marcha el año que viene, inicialmente por la noche, cuando la intensidad de los aterrizajes es menor.
A entre 180 y 200 kilómetros del aeropuerto, los aviones iniciarán el descenso de forma continua y con los motores al ralentí, como si estuvieran planeando. «Este sistema es totalmente seguro, pero obligará a los pilotos, ayudados por los ordenadores de las naves, a realizar muchos más cálculos de distancias y tiempos. También obligará a un mayor esfuerzo por parte de los controladores, pues tendrán que vigilar más la arribadas y estructurar mejor los espacios», afirma Gavilán.
Actualmente, el aterrizaje se hace de forma escalonada. Los aviones descienden el primer tramo rápidamente, se mantienen en esa altitud durante un tiempo, con los motores funcionando y gastando combustible, y cuando de nuevo tienen permiso, vuelven a bajar otro tramo. Así, hasta llegar a unos 700 metros de altitud, cuando se inician las maniobras para tomar tierra.
Los controladores, clave
Ahora bien, este nuevo sistema se instalará más fácilmente en los aeropuertos pequeños, que tienen menos intensidad de tráfico. Así lo asegura Santiago Tena, ex piloto de Aviaco y técnico de operaciones de vuelo: «Va a ser de muy difícil su aplicación en las zonas con mucho tráfico aéreo, porque va a dar numerosos problemas a los controladores. En los aeropuertos grandes se van a acumular en la zona de descenso muchos aviones, y cada uno de ellos planea a una velocidad distinta, dependiendo de su peso y tamaño, entre otras cosas. Y los más rápidos se aproximarán a los más lentos. La efectividad de esta norma va a depender de un mayor trabajo de los controladores, que son los que tienen que separar a los aviones y adjudicarles un espacio a cada uno».
Este abogado diplomado en derecho aeronáutico explica los problemas que conlleva el aterrizaje verde: «Los aviones vienen a diferentes alturas, pues no es lo mismo uno que llega del Atlántico a 12.000 metros que otro que realiza un vuelo doméstico que no ha superado los 8.000. Es evidente que el primero deberá comenzar el descenso antes que el segundo, con lo cual la distancia del campo de destino a la que ponen los motores al ralentí no podrá ser la misma».
Aún así, esta medida ya se utiliza en 25 aeropuertos europeos, entre ellos los de Londres, Estocolmo y Ámsterdam, también por las noches; en otros cinco están en pruebas y 37 más lo están estudiando, según el vocal del Colegio de Pilotos. Es más, miembros de este colectivo ya han realizado varias pruebas en distintos aeropuerto españoles, con resultados positivos.
El plan permitirá un ahorro de combustible de 12 a 15 millones de euros al año, pues solo se tardará dos minutos más en aterrizar. Además, dejarán de emitirse unas 600.000 toneladas de dióxido de carbono, lo que favorecerá la lucha contra el cambio climático. La aviación comercial ocasiona el 2% de las emisiones mundiales de CO2, y, aunque está exenta del control de emisiones, las compañías deberán vigilar los vertidos contaminantes desde el 1 de enero próximo.
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