El orgullo de Emily son sus cosechas. Frutas totalmente naturales, plantas medicinales de todo tipo o enormes zanahorias cuyo secreto es «trabajar la tierra profundamente, abonar poco y añadir algo de arena al sustrato, pues aquí hay mucha humedad». Reconoce que estos 16 años se le han hecho largos: «Muchos amigos no se unieron, como prometían, y aunque ahora viene más gente, pues esto es lo que nos puede salvar. Yo no quería aislarme tanto en el campo gallego».
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