Durante los festejos se utilizaron 120 toneladas de la apreciada hortaliza.
Como es tradición y en presencia de medios de comunicación de medio mundo, más de 40.000 personas se enzarzaron este miércoles en una guerra de tomates en la localidad valenciana de Buñol, en el marco de una fiesta, 'La Tomatina', que en 2002 fue declarada de interés turístico internacional.
Nada menos que 120 toneladas de tomates (90.000 euros de presupuesto) se utilizaron este año para la peculiar celebración, a la que se sumaron a sus 10.000 habitantes otros 30.000 forasteros, entre los que pudieron verse numerosos ciudadanos de los cinco continentes lanzándose la colorida hortaliza en la plaza del pueblo.
Un total de 70 personas, la mitad voluntarias, ayudaron a que los camiones cargados con tomates se abrieran paso entre los asistentes para que pudieran elevar sus remolques y aprovisionar a los presentes, que hora y media antes de que la carcasa diera la orden de comienzo -previsto para las 11.00--, ya clamaban «tomate, tomate».
Con un presupuesto de 28.000 euros para la compra de la hortaliza y de otros 62.000 para la organización de actividades paralelas, la 'Tomatina' de Buñol contó este año con algunas novedades, entre las que destacaba una zona de acampada, la celebración de la final del concurso Buzz '¿Qué sabes de tu país?' organizado por Sony Play Station y el festival de música Non Stop, que reúne a famosos Djs desde las 23.00 horas del pasado martes y hasta las 18.00 horas del miércoles.
Para que todo transcurriera sin incidentes, unos 40 agentes de la Policía y la Guardia Civil, 70 miembros de Protección Civil, nueve ambulancias y un helicóptero de la Guardia Civil velaron por la seguridad de los asistentes, mientras que Renfe amplió su horario de trenes y el Ayuntamiento facilitó baños, lavabos y duchas para el aseo de los participantes. Todas estas facilidades chocaron con las retenciones de tres kilómetros que se registraron en la A-3 para entrar al pueblo y que obligaron al desvío del tráfico.
Afortunadamente este año no se produjeron incidencias graves, aunque algunas personas fueron atendidas por hematomas, pequeños cortes y golpes de calor. Entre los atuendos preferidos de los participantes destacaron el bañador y los chubasqueros improvisados con bolsas de basura. Complementos como gorros de agua para no ensuciarse el pelo o gafas de bucear para evitar que el ácido del tomate dañe los ojos también fueron habituales.
Años de historia
La tradición tiene 64 años de historia. Durante un desfile de gigantes y cabezudos, unos jóvenes que querían participar organizaron una trifulca y, como cerca del lugar había un puesto de verduras y hortalizas, cogieron los tomates y los utilizaron como arma arrojadiza. Las fuerzas del orden de la dictadura franquista tuvieron que intervenir para disolver la pelea y condenaron a los responsables a pagar los destrozos realizados, pero al año siguiente los jóvenes repitieron el altercado y de nuevo fueron disueltos. Tras repetirse esto mismo en los años sucesivos, la fiesta quedó, aunque de modo no oficial, instaurada. Fue después, el en año 1950, cuando el ayuntamiento la incluyó en su programa de fiestas, aunque la prohibición y el visto bueno se fueron alternando hasta 1959, año en que definitivamente se incluyó en el calendario festivo del pueblo.
En la actualidad, y dada la fama de esta tradición, varias ciudades chinas la han copiado y organizan su particular Tomatina, aunque el volumen de tomates es una cuarta parte del que se lanza en Buñol. Además, muchos critican el hecho de que se desperdicie tanta comida en un país donde muchísima gente vive en la pobreza y donde tirar comida es tabú.
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