La excepción es la isla canaria de La Palma, que tiene una de las normativas de iluminación más restrictivas.
Hace tan solo 50 años, los habitantes de cualquier ciudad española podían contemplar a simple vista y en una noche despejada hasta siete mil estrellas. Hoy solo podrían disfrutar de este espectáculo natural aquellos que vivan en zonas rurales apartados de las grandes urbes. El cielo nocturno se ha apagado debido principalmente a la contaminación lumínica, un problema que llevó hace unos años a científicos del Instituto Astrofísico de Canarias a liderar la iniciativa Starlight en defensa del cielo nocturno, que ayer fue presentada al Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco en la reunión que celebra en Sevilla.
Esta organización promocionará la iniciativa Starlight a nivel internacional, en especial en espacios naturales protegidos, a los que expedirá certificaciones que avalen que están libres de esta contaminación.
El problema no es menor. Si hace unos años los ciudadanos de la Unión Europea podían distinguir desde sus domicilios la Vía Láctea en noches estrelladas y despejadas, hoy en día este espectáculo visual solo es accesible al 1% de los europeos. El ejemplo a seguir es el de la isla canaria de La Palma, que tiene una de las normativas de iluminación más restrictivas.
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