El virus pudo haber tenido su origen en cerdos, algo que aún no se ha confirmado, pero hasta ahora no existe ninguna prueba de que lo transmitiesen al hombre
Una cepa aviar, otras dos porcinas de origen norteamericano y asiático, y una cuarta humana. De toda esta combinación genética ha mutado un nuevo virus que muy probablemente ha surgido en el cerdo, pero la infección porcina no será la culpable de la más que previsible epidemia que se avecina, sino que el mundo se enfrentará única y exclusivamente a una gripe plenamente humana. La influenza que afecta a los cochinos no infecta, por lo general, a los seres humanos. Solo ha ocurrido en casos esporádicos y cuando ha existido un contacto muy estrecho y recurrente entre los animales y las personas. ¿Por qué? Porque los virus porcinos no encajan en los receptáculos de la célula humana, que necesitan de una estructura específica para entrar en ella. Es como si carecieran de la llave necesaria para el acceso.
«Estamos ante un virus de origen porcino, pero no ante una gripe porcina», corrobora, al igual que otros expertos consultados por La Voz, el jefe del servicio de medicina preventiva y salud pública del Complejo Hospitalario Universitario A Coruña, Vicente Domínguez.
La gripe que ha matado a más de 170 personas en México y que ha llegado a España se transmite única y exclusivamente de persona a persona como una influenza común estacional: a través de las vías respiratorias al toser o estornudar o al tocar algo o a alguien contagiado. Los cerdos, por tanto, no acarrean ningún peligro, aunque el salto inicial entre especies pudiera haberse producido hipotéticamente por un estrecho contacto entre animales y personas. Este, al menos, es el mensaje que de forma recurrente han transmitido desde la FAO a la Organización Internacional de Salud Animal y los sindicatos ganaderos, que temen que una alerta sanitaria de base exclusivamente humana se acabe transformando en un pánico del consumidor hacia la carne de cerdo y productos derivados. La ciencia avala su tesis ya en el punto de partida: los casos humanos no se deben a contagios de gorrinos, lo que significa que la carne, el jamón, el chorizo y demás derivados son tan seguros como antes.
Aún no se ha aislado
Es más, tanto la FAO como la Organización Internacional de Salud Animal acreditan que «el virus, hasta la fecha, todavía no ha sido aislado en animales, por lo que el nombre de gripe porcina no está justificado». Las dudas sobre el origen de la enfermedad tampoco están claras para la Organización Mundial de la Salud, que lo único que ha constatado es que se trata de un virus A/H1N1 que se transmite entre humanos. «Seguimos buscando el origen y no sabemos dónde podría estar», explicó el portavoz de la institución, Gregory Hartl. Hasta el momento, según confirmó, no existe ningún indicio concreto sobre la transmisión del virus de los cerdos a los seres humanos.
Pero es más, aun en el peor de los casos, en el de que se constatara el origen porcino de la infección y de que esta pudiera transmitirse de forma regular de cerdos a hombres, algo que en la práctica es casi imposible, tampoco existiría riesgo a la hora de comer carne de cerdo ni productos derivados. Su ingesta no provocaría el contagio. ¿Por qué? Porque es mucho más difícil acceder a las células del aparato digestivo humano que a las del aparato respiratorio, con lo que no podría entrar en ellas.
Por si fuera poco, existe otra barrera todavía más infranqueable: el proceso de cocinado y preparación de la carne y productos derivados. El virus, por un lado, no puede vivir fuera de las células, por lo que si pasa un cierto tiempo se seca y se muere, lo que ocurriría, por ejemplo, en el proceso de curado del jamón o los salchichones. Lo mismo ocurre con el cocinado. «Todos los virus, y desde luego el de la gripe, son muy sensibles a la temperatura. Se inactivan a unos 70 grados. Y hay que pensar que cuando se cocina algo con agua la temperatura sube de los 100 grados y que, si se fríe con aceite, la temperatura puede llegar a varios cientos de grados», explica Luis Enjuanes, virólogo del CSIC.
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