La Tierra recibe cada día un auténtico diluvio de rayos cósmicos con una energía diez millones de veces superior a la que se obtiene en el mayor acelerador de partículas del mundo, como el que se acaba de inaugurar en Suiza. Pero este chaparrón galáctico es prácticamente indetectable, pese a que algunas de sus partículas están dotadas de la mayor energía conocida. ¿De qué región del cosmos proceden?, ¿cuál es su origen?, ¿qué las acelera para conseguir velocidades próximas a la de la luz antes de desintegrarse tras el choque con la atmósfera terrestre?, ¿cuál es su naturaleza? Y, sobre todo, ¿cuál es su papel en la formación del universo? A estas y otras preguntas intentará responder el observatorio Pierre Auger, un auténtico cazarrayos cósmico inaugurado ayer en la Patagonia de Argentina en una superficie de 3.000 kilómetros cuadrados, el equivalente a la provincia de Pontevedra. La iniciativa es fruto de un proyecto de colaboración internacional en el que participan 450 científicos de 17 países con un presupuesto superior a 40 millones de euros. En este nuevo reto de la ciencia, Galicia cuenta con un importante protagonismo, ya que, además de impulsar la intervención de España en el proyecto y de coordinar su participación, es la responsable de tres de los 21 grandes programas que se llevarán a cabo.
El departamento de Física de Partículas de la Universidade de Santiago, dirigido por Enrique Zas Arregui, se encargará de la detección de neutrinos (partículas subatómicas que apenas interaccionan con los átomos), de lo que se encargará Jaime Álvarez; del estudio de los chubascos cósmicos inclinados, que coordinará el propio Zas, y de la supervisión de los detectores de partículas, labor que dirigirá la decana de Físicas, Ángeles López Ayerra. Doce físicos formados en Santiago participarán de forma activa en el experimento del Pierre Auger, aunque solo la mitad trabajarán desde Galicia. España, que aporta el 8% del presupuesto, incorpora una treintena de científicos a la misión.
La participación gallega también tendrá un componente tecnológico, ya que el grupo de Santiago se encargará de monitorizar los datos y del seguimiento de los equipos, conformados por 3.200 paneles de energía solar que suministrarán la energía a los 1.600 detectores de partículas, una especie de tanques de agua equipados con fotomultiplicadores que registran los flashes de luz de las partículas que atraviesan el agua.
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