Los dos equipos coinciden en que los trasplantes de cara pueden permitir una vida medianamente normal a personas con graves deformaciones del rostro.
Dos equipos médicos informan sobre el éxito de los nuevos trasplantes de rostro en pacientes que han sufrido deformaciones, en la última edición la revista The Lancet.
Médicos chinos consiguieron darle un nuevo rostro a un paciente de 30 años que había sido atacado por un oso. El equipo en torno a Huiyuan Li, del Instituto de Cirugía Plástica del hospital de Xijing, en Xi'an, China, trasplantó al hombre en una intervención de 18 horas hace dos años las mejillas, nariz y parte de los labios de un muerto.
Tratamientos previos como el trasplante de su propia piel de otras partes del cuerpo no lo habían ayudado, porque las heridas no cicatrizaban, según la revista. El hombre había sobrevivido dos años antes de su trasplante al terrible ataque de un oso que le destrozó la cara.
En el mismo número de la publicación, un equipo francés dirigido por Laurent Lantieri, de la Universidad de París, informa de una operación similar con buenos resultados. El paciente sufría una enfermedad genética que provoca el crecimiento de tumores no cancerígenos, llamada neurofibromatosis del tipo 1.
La enfermedad había deformado por completo el rostro del hombre de 29 años, y la mitad derecha, así como partes de la izquierda, estaban paralizadas. Trece meses después de la operación ha vuelto a trabajar normalmente, señalan los médicos.
Los dos equipos coinciden en que los trasplantes de cara pueden permitir una vida medianamente normal a personas con graves deformaciones del rostro. Pero pese a todo el trasplante de la cara de una persona muerta es riesgoso. No es posible evitar complicaciones y efectos secundarios y por el momento no se conocen las consecuencias a largo plazo para el paciente, señalan.
Los equipos reducen el rechazo del sistema inmunitario a los nuevos tejidos con inmunodepresores. Pese a ello, ambos pacientes sufrieron rechazo en los primeros meses tras la operación. Sin embargo, éste logró controlarse con ayuda de otras medicinas.
También recibieron otros medicamentos para evitar infecciones bacterianas que pueden llevar a una destrucción de los tejidos. El hígado y los riñones de los afectados resistieron bien la gran dosis de drogas. Pero el paciente chino desarrolló diabetes, al parecer como consecuencia del tratamiento.
Pese a las complicaciones, los pacientes están satisfechos con el resultado, porque las operaciones les permitieron reanudar su vida social. Aún es necesario que tengan un intenso seguimiento médico para poder establecer las consecuencias a largo plazo del trasplante, sobre todo en torno a la esperanza de vida, según los médicos.
En todo el mundo hay muy pocas operaciones de este tipo coronadas con éxito. Las muchas cuestiones técnicas, médicas y psicológicas que aún quedan pendientes de respuesta hacen que los cirujanos, inmunólogos y psicólogos deban trabajar juntos, comentan al respecto Jean-Michel Dubernard -del Hospital Lyon I-, y Bernard Devauchelle - del Hospital Universitario Norte de Amiens-, ambos en Francia.
Ellos participaron en el equipo que en 2005 operó a la francesa Isabelle Dinoire, a quien se le realizó el primer trasplante de rostro del mundo.
Un elemento polémico de estas intervenciones es que no son necesarias para salvar la vida de los pacientes. Y que la cara representa como ninguna otra parte del cuerpo la personalidad de una persona.
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