Unos investigadores estadounidenses han logrado explicar algo que se había constatado desde hace unos 80 años, es decir, que un descenso del nivel del pH en el cerebro o, lo que es lo mismo, un aumento de la acidez de los tejidos cerebrales, logra detener las crisis epilépticas.
Analizando ratones genéticamente modificados, un equipo multidisciplinar de Iowa (Estados Unidos) ha podido aplicar los conocimientos actuales en biología molecular a las constataciones hechas hace decenios, según el estudio publicado en la revista especializada Nature Neuroscience.
Lo que permitió encontrar la llave para explicar este fenómeno ha sido una revelación sobre la presencia en el cerebro de una proteína, la ASIC1a, de la categoría de los «canales iónicos» que facilitan la difusión entre una célula y el exterior. El estudio muestra que los ratones a los que se suprimió el gen de esta proteína tienen crisis epilépticas más intensas y de mayor duración que los que contienen el gen.
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