La rotonda de la autovía en Lavacolla lleva más de un mes sin iluminación

Solo las luces de los vehículos permiten intuir la existencia de la glorieta


santiago / LA VOZ 03/12/2016 01:02

La última rotonda de la autovía de Lavacolla, donde a la A-54 se conecta con las carreteras de Lugo, la N-547; y de Oviedo, la N-634, está sumergida en un ambiente tenebroso desde hace más de un mes. Ni uno solo de los focos de la farola de la rotonda tienen luz. Desde el atardecer, los conductores tienen muy escasa visibilidad, y la zona se convierte en un agujero negro muy peligroso a partir de las seis y media de la tarde. A lo largo de la noche, cuando baja la intensidad de tráfico en la vía, la rotonda desaparece de la visión. En días de niebla, algunos vecinos aseguraron que la situación es aún más peligrosa.

La autovía tiene mucha intensidad de tráfico en dirección a Santiago durante las tardes y las noches, lo que permite paliar en cierta medida la carencia de iluminación tanto a lo largo del vial como en la rotonda gracias a los faros de los coches.

Los focos de la gran torre de iluminación, situada en el centro de la rotonda, fueron apagándose uno a uno sin que los responsables del mantenimiento de la autovía se preocuparan de reponer las luces. Desde hace más de un mes ya no queda ninguno de los focos encendidos, y los conductores procedentes de las tres carreteras llegan casi a ciegas a la glorieta. Algo que no parece llamar la atención del Ministerio de Fomento, titular de la autovía y de las dos carreteras nacionales que confluyen en la rotonda.

La Asociación de Vecinos de Lavacolla mostró su malestar por la falta de mantenimiento del vial y reclamó medidas de atención para este punto, el de la rotonda. Los vecinos que residen en las casas más próximas comentaron que los focos comenzaron a fundirse en los meses de verano, pero al anochecer más tarde pasó desapercibido. Ahora, con la llegada del invierno, la situación se convierte aún en más peligrosa.

 

Luces de otros coches

Solo las luces de los otros vehículos permiten intuir la ubicación y el diseño de la glorieta. Son precisamente los faros de los coches los que por la noche guían a los demás conductores durante los giros.

Los que acceden a la rotonda desde la autovía de Lavacolla tienen señales de fin de la vía y otras que marcan la reducción de la velocidad, así como un cartel de pequeñas dimensiones al final de la vía que advierte de la existencia del punto de confluencia. Claro que, al llegar a la altura del cartel de glorieta, los conductores que no saben de su existencia se topan de bruces con ella. Los que llegan desde las otras dos carreteras nacionales también disponen de señales verticales que advierten de la presencia de una rotonda, pero en los tres casos se enfrentan a la misma sin verla, lo que entraña un grave riesgo.

La falta de alumbrado en la rotonda de la autovía en Lavacolla no es una cuestión aislada. Desde Santiago, la A-54 dispone de farolas en diversos puntos y también al llegar a las salidas, pero están apagadas. Solo el puente que cruza la autovía a la altura del desvío que lleva al aeropuerto está iluminado. No así el vial del desvío.

En cuanto al pavimento de la A-54, en general se encuentra en buen estado, a diferencia de la situación de la avenida de Asturias -también competencia del Ministerio de Fomento- que precisa de una intervención urgente para eliminar las irregularidades de la calzada.

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