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«En el metro aprovechaba para descansar y hacer los deberes»

En Badalona, Nacho Llovet superó escalones hasta capitanear el primer equipo y sacó la carrera de ingeniería


30/11/2016 05:00

Empezó en el Joventut cuando era un niño y esta es su primera campaña lejos de Badalona, en Santiago. Desde esa perspectiva, Nacho Llovet es protagonista en primera línea y voz autorizada para explicar entresijos de la cantera verdinegra.

-Parece que conozcan el santo grial de la formación, porque siempre están saliendo jugadores. ¿Cuál es la clave?

-Creo que hay varias claves. Lo primero, la ciudad. Realmente es una ciudad de baloncesto. Vas a los colegios y ves que se juega al baloncesto, mientras que en otras zonas lo que manda es el fútbol. Se vive el baloncesto, la ciudad lo siente. Eso se respira. Y hace que salga mucha gente

-Esa es la atmósfera, idónea. Pero tiene que haber más.

-Por eso hablaba de varias claves. Es muy importante el trabajo durante muchos años con muchos entrenadores. Aparte de jugadores, ha formado a muchos entrenadores que ahora también están en ACB, como Carles Durán en Bilbao. Esa cultura mezclada es otra clave. Y otra muy importante es la necesidad del club de que salgan jugadores. Uno grande, con dinero, puede fichar. El Joventut necesita que lleguen chavales al primer equipo. Eso hace que la gente trabaje duro. Hay quien elige el Joventut porque allí va a tener más opciones de dar el salto a la ACB si lo hace bien. En resumen, buenos entrenadores, buen trabajo con los niños, ganas, motivación y oportunidades que te da el club es una combinación ganadora.

-¿Con cuántos años llegó usted? Estuvo allí más de media vida, y tuvo que pasar también momentos complicados.

-Con once, en mini básquet. Sí, hay momentos duros. Te encuentras a mucha gente que se queda en el camino. Ves que tu vas superando fases. Hacen falta muchos sacrificios. Vivía lejos. Cada día hacía hora y cuarto en metro para ir a entrenar. Luego están los viajes de fin de semana. No es fácil de compatibilizar con amigos y estudios. Te tiene que gustar mucho el baloncesto.

-Con todo, ha sido capaz de sacar adelante una ingeniería.

-Sí, al final, todo salió bien. No te queda otra. En el metro aprovechaba para hacer los deberes. Incluso para descansar también. Al final, cuando acabé la etapa júnior, con 18 años, no tenía claro que fuera a vivir del baloncesto. Vi en primera persona que mucha gente se quedó por el camino. Decidí seguir con las dos cosas. Si salía bien, genial, y, si no, también. Los años en el Prat (el filial) era más fácil. En el primer equipo, con entrenamientos por las mañanas, todo se complica. Es cuestión de organizarse bien. Y tener la suerte de contar con buenos compañeros en la universidad que me ayudaron muchísimos. En el deporte profesional, una lesión, un rendimiento por debajo de los esperado... Nunca sabes qué puede pasar. Los estudios son como el seguro de vida.

-Recuerdo una entrevista que le hicieron a Messina, en la que defendía que a edades tempranas lo importante es disfrutar del baloncesto. Y, al llegar a júnior, plantearse ya las cosas de otra manera. ¿Es así en Badalona?

-Está claro. Recuerdo muchos momentos de pasarlo muy bien, y son las claves. También recuerdo a compañeros con padres que los presionaban mucho, y todos se quedaron por el camino. Los que juegan estresados, con presiones, con catorce años, no llegan, no salen bien. Tienes que intentar pasártelo bien. Cuando disfrutas, pones más energía y mejoras más.

-Cambiando de tercio a cuenta del estrés. El abrazo que le da a Pustovyi en Murcia tras su gancho pareció liberador.

-Son muchas emociones. Veníamos con necesidad de ganar. Contra el Gran Canaria parecía que lo teníamos en la mano y fue un golpe muy duro. Nos da mucha vida, confianza, tranquilidad, fuerza para los siguientes. Sí, fue la expresión de esa liberación.

-Dígame la verdad. ¿Tras los triples de Benite pensó que otra vez se escapaba otra oportunidad, otro final ajustado?

-Con los triples de Benite... Es complicado, ves que estás ahí, y lo ves muy complicado. Pero bueno, cuando estaba en el banco y empatamos, le digo a Fran (Cárdenas): defendemos y robamos. Es lo que pasó. El equipo, incluso con las dificultades, nunca dejó de creer. Pese a experiencias que hemos tenido, con partidos casi ganados que al final sacaron los rivales. Esta vez giramos la tortilla. Ya sabemos como es el deporte. Una canasta lo cambia toda para bien y para mal. Con las mismas ganas, la misma entrega, una canasta puede ser determinante.

-Usted viene del Joventut de Maldonado, que busca un baloncesto muy vertical. ¿El de Diego Ocampo es más defensivo?

-Sin duda. Salva juega muy directo, muy vertical. Prima el ritmo de juego, el lanzamiento exterior. Con Diego están construyendo un juego más organizado, más pausado, con momentos de ritmo, pero con una defensa más estructurada. También los jugadores están adaptándose a este estilo. Pero a la mitad la conozco muy bien. Será un día especial.

-¿Qué destacaría del Joventut que visitará Sar este sábado?

-Sabat atraviesa un momento muy dulce de su carrera. Muy importante para ellos es Bogdanovic, que abre mucho el campo. Por fuera, Vidal es su referencia, también en el manejo de balón y el pick and roll. Abalde está en una gran progresión, y aquí querrá demostrarlo más, porque es como su casa.

 

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