En el siglo XIX sufrió una agresión que lo redujo a lo que se admira hoy desde el otro lado de un muro privado
| Año del Señor de 1074: un documento cita al río Sarrie. De ahí viene, sin duda, Sarria, topónimo quizás derivado de una raíz céltica que significaría ?fluir?, ?agua?. En aquellos años todavía no se había levantado en lo más alto de la hoy ciudad (aglomerada y llena de edificios sin personalidad en la zona nueva) un castillo erguido por los condes de Sarria y del que quedan elegantes restos. Y eso que tanto el torreón como las pocas cercas que se mantienen en pie sufrieron lo suyo, vaya que sí
La lista no es larga: solo dos agresiones, pero de las de agarrarse. La primera fue la de los irmandiños, que en 1467 tuvieron a bien convertir en escombros las cercas y las fortificaciones exteriores. Pero de esa salió el castillo de Sarria, puesto que, derrotados los insurrectos campesinos, hubieron ellos de levantar lo tirado, tal y como era habitual.
La segunda fue peor: la villa exigía mejoras en 1840 y aquello era un edificio viejo y sin valor, así que (casi) todo para abajo de nuevo.
¿Qué se conserva allá arriba, vigilando el mercado de ganado que ha asfaltado todo el entorno hasta el punto de que aquello es una pequeña isla verde y granítica? Pues sobre todo el torreón casi circular con curiosa escalera (posterior) por fuera. Tiene cubierta de cañón y mide en números redondos 14 metros de altura.
Por uno de sus lados discurre el principal Camino de Santiago, el Francés, así que por allí pasaron el año pasado más de 200.000 peregrinos, que tuvieron que conformarse con ver la torre desde una cierta lejanía: el acceso resulta imposible, ya que el portalón exterior se encuentra cerrado al público.
Y una vez allí hay que aprovechar la visita: continuando el Camino de Santiago, a los 100 metros se encuentra el convento de A Magdalena, regido por mercedarios, con claustro de arcos apuntados y una iglesia de transición (entre gótica y renacentista).
Más visitas sin tener que coger el coche: la calle Maior, itinerario jacobeo y con las iglesias aledañas de San Salvador (centuria XIII, con partes góticas y otras anteriores, románicas) y Santa Mariña, y, en un plano topográfico inferior, la del Porvir, donde se da cita un nutrido grupo de anticuarios que ofrecen, como es lógico, de todo. Calzada es ahí toda una referencia, mientras uno se sumerge en un mundo que le incita a pensar en la gran actividad de las partidas carlistas en esta zona, lo cual llevó a declarar el estado de guerra. Ahí es nada.
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