El Concello de Santiago se ha empeñado en recuperar el que fue el castillo «más grande y más fuerte de todo el reino», según un documento del siglo XVI
Raquel Casal -toda una vida dedicada a la arqueología gallega- aparenta voz de indiferencia: «A escavación do castelo da Rocha é unha decisión do Concello de Santiago, que asina un convenio coa Universidade e dentro desta tócanos a Fernando Acuña e a min dirixir o proxecto». Lo dice con tono neutro y confiesa que no sabe si este año continuarán los trabajos y si estarán ellos al frente. Pero lo cierto es que da la impresión de que la mujer, tras mil batallas arqueológicas, continúa con la ilusión intacta para acometer la sexta campaña. Dinero no debería faltar, porque gracias a una enmienda parlamentaria llegarán, al menos en teoría, un millón de euros.
El caso es que A Rocha no estaba y ahora está. Los vecinos empezaron a dar -sanamente hablando- la lata y se salieron con la suya: localizar los restos de la que fue fortaleza más importante de Galicia, lugar seguro de los arzobispos compostelanos, y sacarla a la luz. Porque escondidas sí que estaban estas murallas, fosos, puertas y hasta proyectiles de catapulta del siglo XIII que pasaron a la categoría de ruina merced al empeño del movimiento agrario revolucionario de los Irmandiños en el año del Señor de 1466. Y, curioso, el complejo no fue restaurado, en contra de lo que pasó con la mayoría de los que sufrieron la iracunda visita de los mal armados pero muy indignados campesinos. Todo apunta a que la piedra se repartió entre el Pico Sacro (el arzobispo Fonseca II quiso construir allí otro castillo) y la catedral compostelana, puesto que la base de la torre del Reloj de la basílica está compuesta precisamente por esos sillares de A Rocha.
Y como la vida da muchas vueltas, en el siglo XVII se pensó en reconstruir la fortaleza, pero de ese estadio no pasó el proyecto.
Las excavaciones han permitido recuperar muchas cosas de ese edificio gótico de planta cuadrada que ocupa unos 3.500 metros, dimensiones más que respetables en un país como Galicia en donde abundan los bastiones pequeños cuando no minúsculos. Monedas, apliques de muebles (uno de ellos representando a lo que parece un cocodrilo), cerámica hecha aquí y cerámica importada, un buen conjunto de puntas de ballesta, una espada de hoja rectangular, una daga de las llamadas perfora mallas, huesos de animales domésticos...
Y teniendo un pasado como ese, la pregunta es quién se atreve a frenar las excavaciones que pueden arrojar tanta luz sobre Santiago. Raquel Casal hace un gesto de indiferencia. Se ve claro que está deseando volver al tajo.
CÓMO IR
No está señalizado y, aunque se encuentra en un sitio en teoría de relativamente fácil acceso y localización, ir hasta allí se transforma en un pequeño calvario que exige alguna paciencia. Saliendo de Santiago hacia el sur por la nacional, a la entrada de O Milladoiro hay una rotonda. Cójase a la derecha (como regresando a Compostela) y, sin cruzar nunca la vía de tren, se gira hacia la izquierda, se sube hacia las casas de A Rocha ?un caos urbanístico? y se desciende (en la placita con el lavadero, a la derecha). El castillo está pegado al ferrocarril.
DÓNDE COMER
Al estar A Rocha pegado a Santiago, la oferta es sencillamente enorme. Un lugar bien de precio, muy bonito y con cocina creativa es el restaurante Ana (981 570 792), extramuros, muy cerca de la iglesia del Sar (curioso museo y claustro para completar la visita). Tiene reservados.
DÓNDE COMER
DIRECCIÓN | Costoia, 20. Biduído. 15896 Ames
TELÉFONO | 981 884 601
HABITACIONES | Seis dobles y una individual
PRECIO | Entre 36 y 66 euros. También se alquila entera (entre 340 y 420 euros; 13 personas)
WEB | www.casadecostoia.com
CORREO |casacostoia@yahoo.es
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