El director del parador dice que la hostelería es muy gratificante, prevé un aumento de las pernoctaciones en un 25% y dice que los peregrinos ya son sus huéspedes
Pudo ser un buen pintor y es un gran hostelero. «De pequeno tiña unha inclinación artística forte e xurdíronme grandes dúbidas entre a arte ou a hostalería», dice Julio Castro Marcote, un fisterrán que dirige uno de los mejores hoteles del mundo: el Hostal dos Reis Católicos. Fue en el parisino Eurodisney, que acaba de abrir, donde quedó marcado viendo la calidad de su hospedaje. Pero antes ya lo había orientado la hostelería familiar.
En Santiago cursó estudios en el Peleteiro y a esta ciudad retornó en 1996 para integrarse, tras algunas actividades turísticas, en el Hostal comandado por Gonzalo Gurriarán. Ahí empezó a evidenciarse su trabajo de apertura del parador a la ciudad y a la ciudadanía, que ha fijado como objetivo clave tras su regreso como director en julio del 2008. Antes había demostrado sus dotes al frente de otros establecimientos de calidad.
«O Hostal popularizouse nos últimos anos porque abrimos as súas portas», recalca Julio. En breve inaugurará el Parador Museo: el edificio y su historia estarán a disposición de los visitantes. Pero también podrán explorarlo los compostelanos. Es un ejemplo de las múltiples actividades sociales, culturales, festivas (incluido un festival de entroido), gastronómicas (pronto se presentará un menú histórico del Camino de Santiago, bien documentado) o humanitarias que están teniendo cabida en el histórico inmueble. Incluso, como alojamiento, parece retornar de alguna forma a sus orígenes: «No 99 aquí non entraban peregrinos. Agora é normal que veñan aloxarse ao Hostal».
¿Y cómo se vive eso de regir un hotel de tal categoría?: «É unha gran responsabilidade que se asume gratamente. Esta profesión é moi sacrificada, pero hai poucas tan gratificantes como ela». Además, reúne una actividad institucional destacada: jefes de Estado, artistas y personajes famosos entran en el Hostal. «Van deixando en ti un pouso cultural e creativo, e unha experiencia coa que podía escrebirse un gran libro». Pero no lo va hacer porque «un hosteleiro ten moi claro o respecto á privacidade dos hóspedes».
Turismo
Como el Hostal está en la tierra, se nutre del turismo como los demás mortales. Y rige aún la crisis: «Non vai ser un ano récord como o 99». Castro asegura que «ate abril non se pode dicir que esteamos en ano santo». Luego será la locura, el frenesí. En anteriores ediciones el Hostal llegó a alcanzar un incremento en ventas del 40%. Este año se prevé un 25%, «que é bastante bo». En los congresos, muy revitalizadores, «notamos unha baixada». Lo que está teniendo un alza notable es la reserva on line de plazas: «Hai uns anos este sistema representaba un 8%. Nas últimas temporadas medrou un 14% e estamos nun 20%». Y la tendencia es creciente.
Julio Castro, que dirige un equipo de 150 personas, mantiene buenas relaciones con todas las autoridades de la ciudad: administrativas, académicas, culturales y religiosas. Los poderes más importantes de Santiago miran a la misma plaza desde la época medieval. Hoy los cuatro nombres del Obradoiro son Xosé Bugallo, Julián Barrio, Senén Barro y Julio Castro. Les une una curiosa asonancia fonética. Cuando Franco decidió convertir el viejo hospital en el Hostal dos Reis Católicos a fin de aglutinar el turismo y los grandes eventos de la ciudad «fixo que o personaxe do xestor se convertera nunha figura importante, o dignatario que recibía ás grandes personalidades aquí aloxadas e o responsable de darlle os mellores servizos».
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