En junio se registró una inesperada debacle y Hospedaxe sitúa las perspectivas de julio y agosto en un 75%
Junio ha revelado a los hosteleros la gran verdad de que la crisis les está afectando, y no de forma anecdótica. El mes pasado ha sido el menos productivo en hospedaje en lo que va de la década. Se registró solo un 61% de ocupación hotelera, y eso ha encendido todas las alarmas. La media global de caída en junio respecto al mismo mes del 2007 es prácticamente de cinco puntos, pero lo preocupante es que se sitúa incluso por debajo de la ocupación del 2006. Es preciso recordar que junio de ese año fue el más negro de la actual década, y por unas décimas le gana a junio del 2008.
Al margen del dato global, a los hoteleros les resulta muy desalentador la escasez de camas deshechas en los establecimientos de tres y cuatro estrellas, que para el gremio son el cuerpo central de referencia. Un 54,3% (los de cuatro estrellas) y un 62% (los de tres) significa un bajón medio en torno al 7% de esos alojamientos respecto al mismo período del año anterior. Con este grave antecedente, la Asociación de Hospedaxe estima para julio y agosto un promedio del 75% de ocupación.
El gremio no se esperaba la debacle de junio. «Temiamos que nos ía chegar a crise a todos e vemos que está aí. Un punto de baixada pode achacárselle ao tempo, pero un índice superior ao 5% so se lle pode achacar á crise. Isto vai por ciclos», explica el presidente de Hospedaxe, José Antonio Liñares.
Para rematar la faena, se presenta en carne viva una guerra de precios que agrava la preocupación de los compostelanos. Los precios de las habitaciones en Santiago siempre fueron muy competitivos. De hecho, están por debajo del nivel de calidad de los establecimientos, según reconoce Hospedaxe. Y lo que está observando el gremio compostelano es que los recibos de las cotizadas camas de las zonas turísticas por excelencia se están viendo rebajados por efecto de la crisis inmobiliaria. «Están caendo os prezos e a guerra dos prezos é o peor que pode pasar», lamenta Liñares.
Una vez vista las orejas al lobo en junio, el suspense llega con la suculenta tarta veraniega, pese a los indicios proclamados por las reservas. El verano, y particularmente agosto, es un caso especial, puesto que mientras en otros meses se puede vislumbrar el grado de clientela, en agosto se incorpora mucha gente a última hora y eleva bastante los porcentajes de ocupación.
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