Galicia probará un método pionero que detecta infecciones víricas y bacterianas

El test, desarrollado en un plan europeo por un equipo de Santiago, se aplicará en un año


redacción / la voz 23/09/2016 07:31

Madrugada en el servicio de Urgencias de un hospital. Llega un niño con fiebre. ¿Un simple catarro o una enfermedad meningocócica grave? Establecer un diagnóstico rápido parece fácil, pero no lo es, porque en sus primeros estadios los síntomas son muy similares. Solo que en un caso se trata de una infección vírica leve y en otro de una patología bacteriana que puede llevar a la muerte del paciente en pocas horas. No hay tiempo que perder, por lo que si el profesional no lo ve claro acaba suministrándole por sistema un antibiótico preventivo para evitar riesgos. Y en la mayor parte de los casos no lo necesitaría, ya que, por lo general, solo un 15 % de las infecciones se deben a bacterias y un exiguo 1 % se corresponden con casos graves.

Los médicos, sin embargo, apenas tienen otra alternativa si quieren salvar vidas, porque hoy en día para obtener la confirmación es necesario realizar un cultivo celular que, en el mejor de los casos, tarda dos días en hacerse y a menudo genera falsos negativos.

Encontrar un método que permita efectuar la distinción en pocas horas es una especie de Santo Grial. Se ha buscado durante mucho tiempo, pero solo ahora empieza a ser posible gracias a un estudio de un equipo internacional en el que ha participado el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS) y la Universidad compostelana y que ha logrado identificar dos biomarcadores que discriminan la causa de las infecciones en niños. Su utilización permite obtener resultados de forma fiable y segura en apenas dos horas, lo que también hará posible salvar a miles de vidas en todo el mundo. La investigación se publicó en la revista Jama, con un factor de impacto superior al de Nature o Science

El procedimiento se validó en 350 niños menores de 5 años que presentaban fiebre secundaria de hospitales de España, Reino Unido, Holanda y Estados Unidos. En buena parte de los casos la diferenciación del tipo de infección ya se había realizado. «Nuestros dos marcadores confirmaron los resultados con una precisión completa con respecto al método estándar», apunta el pediatra Federico Martinón, del Hospital Clínico de Santiago, que coordinó las 100 muestras españolas, de las que la mayoría correspondían a pequeños gallegos. 

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Federico Martinón

Identificación precoz

La prueba se perfeccionará ahora en casos de fiebre temprana, ya que el objetivo final es identificar los tipos de infección en una fase muy precoz, y en pacientes inmunodeprimidos y neonatos. En un año podría empezar a aplicarse en el hospital de Santiago y luego en el resto de la red del Sergas de forma progresiva. «Estamos trabajando para obtener resultados en una hora y para poder hacerlo de una forma mucho más barata», dice Martinón.

Dentro de unos años también está previsto que se obtenga un kit comercial que posibilite realizar este tipo de análisis de forma rutinaria y barata. Lo hará una de las empresas que participa en el proyecto europeo Perform, en el que interviene de forma activa el equipo gallego y que se ha financiado con 18 millones de euros.

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Antonio Salas

Los biomarcadores son dos genes que se seleccionaron a partir del análisis del transcriptoma, la forma en que el ADN se expresa en un momento determinado. Fue necesario manejar una ingente cantidad de datos para lo que se utilizó un algoritmo matemático para efectuar la criba. «Primero elegimos 38 genes que luego redujimos a dos. Nos esperábamos encontrar algo muy complejo y difícil de trasladar a la práctica clínica y, para nuestra sorpresa, llegamos a un resultado de una gran simplicidad», explica Antonio Salas, genetista de la USC y coordinador del estudio.

Más de 4.000 niños compostelanos reciben antibióticos sin necesitarlos

«Cuando un niño aparece con fiebre en Urgencias, los médicos, casi siempre y de manera preventiva, le suelen administrar un antibiótico que en buena parte de los casos no sirve para nada. Pero esta sobreprescripción está generando un problema de salud pública global, porque las cepas bacterianas se vuelven cada vez más resistentes y llegará un momento en que no tendremos antibióticos eficaces». Es el diagnóstico de Antonio Salas, el genetista que codirigió el estudio, aunque no se trata de una opinión, sino de la constatación de una realidad que hace ya años vienen denunciando los profesionales médicos e instituciones sanitarias como la OMS.

La pérdida de eficacia de estos fármacos es un problema de una enorme magnitud, como lo demuestra un reciente informe del Gobierno británico en el que se alertaba de que, si no cambia la situación, en el 2050 morirá una persona cada tres segundos debido a un patógeno que ha adquirido resistencia a terapias convencionales. Pero también puede darse el caso contrario. Que una excesiva prudencia lleve a un médico a no administrar un antibiótico cuando realmente se necesite. «Por eso decimos -señala Federico Martinón- que la distinción a tiempo de una enfermedad vírica de otra bacteriana puede salvar miles de vidas».

Pero los datos reflejan una sobreexposición a estos fármacos. En el área de urgencias de Santiago, por ejemplo, de los 30.000 niños que se atienden cada año, unos 18.000 llegan con fiebre. De ellos, entre el 30 % y el 40 %, entre 7.200 y 5.400, acaban recibiendo antibióticos. Pero de esta cohorte, en torno a un 60 %, algo más de 4.000 en el peor de los casos, no los necesitaría en absoluto. Su infección es vírica, no bacteriana.

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