Avanzaban lentamente, con la pesadez propia de la falta de agilidad que conlleva la vejez, Maruja apoyando el bastón cuidadosamente mientras José, su marido, la sujetaba con fuerza para evitar que se cayera. A pesar de que habían aparcado el coche a unos escasos doscientos metros, les llevó una eternidad acercarse al río. Si tan solo hubieran tenido un hijo, este les habría ayudado y toda la operación hubiese llevado un momento, pero no se les había concedido este don y tenían que arreglárselas por sus medios.
Cuando al fin alcanzaron la vera del río, José puso unos cojines y sentó con delicadeza a Maruja en ellos bajo la sombra de un sauce. Habían pasado más de sesenta años y parecía que nada había cambiado en ese paraje con la excepción de José y Maruja.
Maruja se encontraba a gusto allí, en la naturaleza, con el frescor del río. José se había puesto de gala para aquella ocasión, su mejor traje e incluso una corbata, a sabiendas que tal vez nunca se repetiría.
-Maruja, ¿te acuerdas de este lugar? - Le dijo una vez estuvieron sentados.
Maruja musitó algo que José no fue capaz de entender. Este le acarició con dulzura su cara surcada de arrugas. La memoria de Maruja se había ido debilitando con el tiempo y ahora casi no era capaz de de hablar. José pensaba que esta era la última ocasión de que recordase algo y quería que su mente se llenase de bellos recuerdos.
-¿Te acuerdas, Maruja?- Lo volvió a intentar José
-Sí -respondió con una voz apenas audible -¡Aquí! ¡Aquí! ¡Aquí nos besamos!
Una lágrima recorrió la mejilla de José. Sí, aquí se habían besado por primera vez, hacía más de sesenta años. La volvió a besar, con cariño pero sin la pasión de la juventud. Después cogió dos bombones de su bolsillo, le ofreció uno a su esposa y tomó uno de él. Le rodeó los hombros con su brazo y prendió un cigarrillo.
Sus cuerpos inertes fueron encontrados allí, bajo el sauce, todavía abrazados varias horas después, en el bolsillo de él una breve nota:
«Ya no puedo verte olvidar toda tu vida y sufrir. Lo siento. Te amo demasiado».
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