El señor A fue «el hombre más rápido del mundo». Así le llamaban en su pueblo.
El señor A fue prematuro, precoz e hiperactivo. Ahora estaba aquí, ahora estaba allí, ahora se movía mucho, ahora mucho se movía. A tenía un andar a todo andar. Le gustaba correr y las carreras.
Comía comida rápida y comía rápidamente, aunque no comiese comida rápida. Si comía comida rápida, entonces comía una comida rápida rápida. A A le encantaban los trabalenguas y hablaba con tanta rapidez que siempre adelantaba a sus pensamientos sus palabras. A era taquígrafo; se levantaba con presteza, se vestía deprisa, desayunaba rápidamente, iba al trabajo en tren de alta velocidad, comía rápidamente, trabajaba de tarde con celeridad, volvía a su casa, iba a correr, cenaba rápidamente, escuchaba las carreras por la radio y dormía pocas horas al día. El señor A fue un adelantado a su tiempo y, aunque siempre tenía prisa, nunca, nunca llegó tarde. El señor A murió al atragantarse mientras comía rápidamente.
La gente de su pueblo, que lamentó su temprana muerte, le recuerda con cariño.
En su epitafio, aún hoy, se pueden leer las siguientes palabras:
«Aquí yace el joven A. El corazón que vive poco late deprisa.»
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