Era la noche en que las amigas de Viola iban a su casa a dormir. A todas les gustaban las galletas de chocolate que hacía la madre de la joven, que había ganado un concurso de cocina.
Estuvieron viendo una película de miedo, que había traído Sara, mientras se hacían las galletas. La película trataba de la invasión de la Tierra por los marcianos. La miedica del grupo, Tatiana, lloraba y se abrazaba a su osito de peluche. De repente, se oyó un grito procedente de la cocina. Viola se asustó. Fueron a ver y... ¡había un alienígena en medio de la habitación! El extraño ser cogió a la madre de Viola y la llevó a su nave, que arrancó con luz cegadora. La lumbreras del grupo, que se llamaba Bea, tuvo una idea: hacer una nave espacial.
Al día siguiente, a las seis y media, ya la tenían lista. Montaron, apretaron un par de botones y despegaron. Pasaron la Luna, Marte, el Sol, que las atrajo con fuerza, por lo que tuvieron que usar el motor turbo. Llegaron a Saturno y vieron una ciudad alienígena. Aterrizaron en un campo, a las afueras de la urbe y, en un almacén, consiguieron ropas saturnianas. Luego, fueron caminando al centro de la ciudad. Al pasar, la gente les decía:
-Laho, ¿qué tal? -Bea advirtió que hablaban al revés de los humanos y le preguntó a un alienígena que pasaba por allí: -¿Palacio el está dónde?
-Saturnian colina la en- contestó el paseante.
Bea y las demás chicas se encaminaron a la colina. Al llegar, se oyó un grito terrible, que parecía de la madre de Viola. Penetraron por la salida del aire acondicionado y se encontraron en la cocina del palacio. Allí estaba la madre. -¡Mamá! ¡Mamá! ¿Estás bien?- preguntó Viola ansiosa.
-Sí, hija. Nos iremos enseguida; en cuanto acabe de hacer las galletas.
-¿Las galletas?- preguntó, asombrada, Viola.
-Pues claro. Ellos olieron mis galletas desde el espacio y me invitaron a su planeta para que les diera la receta. En cuanto termine, podremos volver a casa. -¿Y el grito que oímos?
-¿Te refieres al que pegué antes? Es porque esta cocina está sucísima, llena de saturno-gérmenes.
Todas regresaron a casa y celebraron una fiesta terráquea con las famosas galletas de chocolate. Eso sí, no se lo contaron a nadie. Si la vecina, la Sra. Paloma se enterase, al día siguiente estaría todo lleno de periodistas y fotógrafos... ¡era una terrible cotilla!
La madre de Viola bautizó la receta como «galletas de Saturno».
Por cierto, ¿sabíais que, en las fiestas saturnianas, se baila genial?
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