La pareja había dejado de bailar pero continuaba unida por su abrazo, acaso susurrando una secreta conversación.
Todo era perfecto: la cena, la música, el champán?
Él se le declaró y le recitó:
«Mi vida sin ti no existe, mi cuerpo se convierte solamente en un corazón solitario y un cerebro que sólo piensa en una cosa: mi amor, mi vida, eso es lo que eres tú».
Ella empezó a llorar de la emoción y su amado la sorprendió entonces con una reluciente sortija.
De repente, ella se convirtió en su prometida. Se probó la sortija y le encajaba como si fuera hecha a medida para ella, le dio un fuerte abrazo a su futuro marido y ambos empezaron a bailar de nuevo. Sonaba una canción romántica que escucharon el día en que se conocieron.
El novio le había pedido al director de la orquesta que la tocaran.
La futura esposa, que no podía más de la emoción, terminó desmayándose y tuvo que acudir el servicio de urgencias.
Como era lógico, el marido acompañó a su prometida en la ambulancia y al final resulta que sólo había sido por recibir tantas alegrías juntas, se había entusiasmado.
Estuvieron paseando hasta medianoche por la orilla de la playa, refrescándose los pies en las tranquilas aguas de Sanxenxo.
Terminaron su paseo nocturno comiendo un helado de fresa en una cafetería famosa por sus batidos de chocolate y columpiándose en los columpios del parque más cercano a la cafetería.
Cada uno se fue para su casa pensando en todos los detalles de la boda y lo bien que lo habían pasado esa noche al lado de sus prometidos.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios