El niño, concentrado en la pantalla de su ordenador, aniquiló los últimos alienígenas de la nave espacial. Sonrió, pulsó otra tecla y dirigió sus tropas hacia el centro energético. En ese instante una alarma invisible se activó en la nave enemiga y apareció un contador de dos cifras . Una voz en off, neutra y metálica, sentenció: «La nave Etreum se autodestruirá en t menos 60. Iniciando cuenta atrás: 59... 58... 57... ». María, agotada, se dejó caer en el sofá frente al telediario. Miró el reloj de pared. La cena estaría lista en quince minutos. Se descalzó perezosamente y dio un sorbo a su coca-cola. Las imágenes de una explosión en pleno centro de Bagdad contrastaban con el delicioso olor que se deslizaba a través de la puerta de la cocina, donde Paco preparaba un sofrito de verduras moviendo la espátula al son de un rock?n?roll de una emisora local. De pronto, la puerta de la cocina se abrió con tal violencia que volvió a cerrarse al golpear contra la pared. Paco dio un respingo y vio a Jorgito mirándolo con ojos abiertos como platos y la cara aterrorizada. Comenzó a tirarle de la manga y a gritarle: «¡Papá, por favor, ven rápido, no consigo desactivar la bomba, ayúdame!». «Los críos de hoy en día exigen toda la atención y en todo momento», pensó.
Paco no era partidario de dejarle jugar a la Play durante la semana y menos aún tan tarde, pero las jornadas de trabajo eran duras, y ninguno de los dos encontraba siempre fuerzas para atajar la compulsiva afición de su hijo. Jorgito arrastraba de la manga a su padre por el pasillo en dirección a su habitación, sin dejar de gritar como un poseso: «¡Tienes que ayudarme a detener la cuenta atrás, corre!». Paco, con delantal y espátula en mano, trataba de no perder el equilibrio y la paciencia.
María escuchó los gritos de su hijo, se enderezó en el sillón y al mirar a su izquierda vio cómo ambos se metían en la habitación del crío. Seis segundos después, una estruendosa explosión sacudía la casa como un terremoto y una tromba de aire saturado de polvo se precipitaba por el pasillo y envolvía a María y a todo cuanto la rodeaba.
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