El porco celta se suma al millo corvo y a la centolla de Lira dentro de la lista de los alimentos «slow»
Lequeitio, en el País Vasco, es una citá slow . El término citá , en italiano, se justifica porque fue en ese país donde nació, en 1986, el movimiento slow food. Y Lequeitio entró el club. A su alcalde, José María Cazalis, no le gusta traducirlo como ciudad lenta, sino como ciudad sosegada.
El regidor explicó en Muxía la experiencia municipal de ser una ciudad slow . Más política medioambiental, mayor respeto por la tradición y la artesanía, mayor calidad de vida. Lo contaba en la casa de turismo rural Casa de Trillo, donde presentaban el denominado Convivium, un grupo que defenderá en Galicia la filosofía slow food .
Jorge Miranda, responsable del Convivium Slow Food Alto Miño, también estuvo allí y dejó claro que en la región del norte de Portugal les va bien con esa catalogación. Gracias a ella consiguieron difundir sus productos artesanales y hasta crear empleo en su producción. La brona está entre las estrellas. Quieren ahora difundir la filosofía slow en las escuelas.
Y es que el slow food es algo más que comida de calidad y parsimonia para dar cuenta de ella. Supone también un respeto a las tradiciones y a un modelo de desarrollo distinto, explicó el antropólogo Antonio García Allut.
El ejemplo es el tercer alimento gallego que accede a la selecta nómina de alimentos slow . El porco celta, una variedad autóctona, es un marrano que necesita especiales cuidados. Su cría lleva mucho más tiempo que otras variedades más conocidas. Vive en libertad y se alimenta en grandes superficies forestales. Sale mucho más caro que otros de su raza, pero su sabor y su calidad alimentaria son también otra cosa.
Ya es comida slow , como lo eran antes el millo corvo y la centolla de Lira. Al periodista gastronómico Miguel Vila el término slow food le plantea dudas. «É moito máis sinxelo chamar ás cousas polo seu nome», asegura. Y es que en su opinión es el mercado el que demanda ahora productos de más calidad.
Se llamen como se llamen, los cierto es que la brona y el porco celtas servidos en Muxía tuvieron éxito entre el nutrido grupo que se acercó a catarlos. En el Convivium son ya 22 socios dispuestos a luchar por la excelencia en su guerra contra la americana fast food y todo lo que representa.
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