Las islas se han convertido en uno de los emblemas de la Galicia más bella y en uno de los enclaves turísticos más visitados durante todo el verano y Semana Santa. El trabajo de recuperación de las últimas décadas les ha permitido llegar impolutas al siglo XXI
Una más que soporífera película de Luis María Delgado se titula Aventura en las islas Cíes. Un total de 82 minutos centrados en un grupo de adolescentes que, merced a lo que les cuenta un veterano pescador, se enteran de que en las Cíes hay un tesoro escondido. Puro Enid Blyton, pero en malo. Se ve que en aquel 1972 la cosa no estaba para otras bromas. Pero lo curioso es que apenas se veían esas islas que ya habían llamado la atención a los historiadores clásicos. Hoy, en el siglo XXI, sigue habiendo aventuras diarias en el archipiélago, pero más creíbles, más domésticas y, desde luego, también con final feliz. Porque sin duda alguna se han convertido en uno de los puntos de atracción turística más importantes de Galicia.
Pero, a pesar de ello, cuando fueron declaradas, junto con otras, Parque Nacional de las Illas Atlánticas mostraban un estado más que aceptable, y las navajadas que habían sufrido por parte del ser humano no eran irreversibles. Aquí es de justicia mencionar a un hombre llegado de fuera de Galicia que dedicó muchas horas e ilusiones justamente a preservar las Cíes, y sin duda su esfuerzo ha tenido recompensa: José Curt.
«Graníticas, altivas, eternas y rodeadas de mitos históricos, las islas Cíes defienden la entrada de la ría de Vigo, un valle profundo hoy ocupado por unas aguas que esconden no solo tesoros materiales -como los numerosos galeones hundidos en una batalla a principios del XVIII- sino una riqueza natural que demanda mayor protección». El párrafo está sacado de una publicación hecha en Madrid, La sonrisa de la ría, de hace una veintena de años y que lanzaba a las Cíes a España entera (se vendieron más de 30.000 ejemplares). Y así siguen: los galeones de Rande abajo, en el lodo de las aguas viguesas y con algún susto que otro que procede de empresas rusas, y la riqueza natural siempre demandando protección.
¿Y en qué consiste esa riqueza? Pues en cosas tan habituales (o no) como las más de 250 especies vegetales y animales catalogadas, lo cual no es poco para ese suelo ácido y arenoso, pobre en nutrientes, por no hablar de la gran concentración de sal en el aire. Y ahí se puede citar el lagarto ocelado, el saurio español de mayor tamaño y completamente inofensivo. O los cientos de parejas de cormoranes, siempre nadando de manera elegante a ras de agua o posados en las rocas. O luciones o culebrillas de cristal, salamandras, azores, algunos ejemplares de tortuga que llegan más por despiste que por otra cosa, delfines? ¿Perros y gatos? No, gracias.
Un apunte final: el auténtico tesoro ecológico está bajo las aguas. Y tiene forma de alga. Curioso.
Las islas se han convertido en uno de los emblemas de la Galicia más bella y en uno de los enclaves turísticos más visitados durante todo el verano y Semana Santa. El trabajo de recuperación de las últimas décadas les ha permitido llegar impolutas al siglo XXI
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