Descarta tajantemente la posibilidad de optar a la alcaldía de A Coruña y anuncia que regresa a sus libros: «Lo mismo que antes, nada ha cambiado»
Fiel a sus costumbres de siempre, a ritos que jamás ha abandonado, César Antonio Molina ya estaba ayer escribiendo antes del amanecer, envuelto en el silencio de la madrugada. Rodeado de sus propios libros y también de los miles de libros ajenos que lo acompañan en silencio y que tanto ama. Nada de nuevo había en ello, tampoco es necesario que insistamos: lo ha hecho cada día, robando horas al sueño, mientras estuvo al frente del Ministerio de Cultura. Exactamente igual que cuando dirigía el Instituto Cervantes, y antes el Círculo de Bellas Artes...
-Tras su paso por el ministerio, ¿qué tiene ahora en el horizonte?, ¿cuál es su proyecto más inmediato?
-En mi horizonte está continuar trabajando, seguir donde siempre he estado: con la cultura, y llevando a Galicia conmigo, dentro de mí, allí a donde yo vaya. Es lo que he hecho toda mi vida, y voy a seguir haciéndolo. Lo mismo que antes. Nada ha cambiado.
-¿Qué va a hacer mañana? ¿A qué va a dedicar el día?
-¡A descansar un poco! Necesito un poco de descanso. Llevo años de dedicación constante a los cargos en los que he estado, sin tener ni un momento de reposo. Y, como todo el mundo, uno también se agota. Necesito unos días de sosiego, para poder recuperarme.
-¿Será alcalde de A Coruña?
-¡No, no, no! [remarca César Antonio Molina, cuya voz evidencia el deseo de no dejar ningún asomo de duda alrededor de sus palabras]. A Coruña ya tiene un excelente alcalde. Seguiré apoyando a la ciudad en todo cuanto pueda, pero mi paso por la política está acabado, ahora recupero mi libertad.
-Pero usted es diputado.
-Bueno, sí. Soy diputado. Y continuaré siéndolo durante este tiempo, pero nada más. Siempre seguiré trabajando por A Coruña, igual que seguiré trabajando por Galicia, pero esta etapa concluyó.
-Una etapa en la que impulsó iniciativas como la candidatura de la Torre de Hércules a Patrimonio Mundial.
-La Torre de Hércules será patrimonio de la humanidad. Eso es un hecho.
-Escritor admirado a ambas orillas del Atlántico, gestor brillante pero nada aficionado a las interioridades del mundo político, acostumbrado a decir lo que piensa en voz alta... ¡No ha sido usted un ministro al uso en España! ¿Qué siente hoy, tras dejar el cargo?
-¿Qué siento...? [dice César Antonio Molina, sin que dejen adivinar emoción alguna sus palabras]. Que el ministerio ha sido otro paso en vida, pero que en lo profesional sigo teniendo mucho por hacer, porque hay grandes pasos por dar que yo no he dado, y eso es lo importante. Debemos seguir caminando, porque es mucho lo que queda por hacer. Y vuelvo a escribir...
-Pero usted no ha dejado de escribir jamás. Ni un solo día. De hecho, algunos de sus más importantes libros, como el poemario «Eume» o las últimas entregas de sus «Memorias de ficción», han visto la luz en los últimos años.
-Sí, sí, es verdad. En todo este tiempo yo no he dejado de escribir nunca, antes de empezar la jornada, usted lo sabe. He hecho un esfuerzo enorme, porque no podemos dejar de escribir. Es muy importante que no nos detengamos. Pero lo que quería decir, al hablar de regresar a la literatura, es que ahora quiero volver a escribir... como lo hacía antes. Regresaré a mis libros y a las páginas de los periódicos, para dedicarme a ello con una intensidad con la que no he podido hacerlo durante esta etapa, que por fortuna ya ha terminado. Mi futuro solo puede estar unido al mundo de la cultura.
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