La juventud de la parroquia dignificó con su trabajo un magnífico entorno que espera una inversión mínima para convertirse en un producto emblemático del turismo sostenible gallego.
No resulta fácil llegar a la parroquia lalinense de Zobra. Curiosamente, en el propia capital del municipio pontevedrés se encuentra por la calle gente que jamás pisó esas «terras remotas», como las calificó una mujer de edad, sorprendida de que un periodista se interesase por una parroquia montañosa que se distingue muy bien desde la autovía de Santiago a Cea. Y se distingue muy bien porque las cumbres de los montes están saturadas de molinos de viento, a la derecha según se circula a tierras ourensanas.
Otra cosa, en efecto, es llegarse hasta allí, ya que procede ir «de pé feito». O sea, adrede. En otras palabras: no queda a mano de nada. Simplemente, queda a desmano. Para decirlo en román paladino: en el olvido. Eso es lo que sufrió y constató su juventud actual ?escasa, como en toda la Galicia interior?, y ni corta ni perezosa se dispuso a arrimar el hombro dando humilde y honroso ejemplo al resto del país. Desde ingenieros a biólogas. Con preparación intelectual y con preparación manual. Sin distinción de sexos. Y seguramente sin olvidar la vida normal diaria, pero todos dispuestos a dejar su impronta quitando tiempo de donde fuera.
Y lograron colocar su parroquia ?dos cadenas montañosas, dos valles, uno antes de la primera, el otro entre ambas? en los medios de comunicación, aunque fuera efímeramente. Incluso en plena campaña electoral casi cuatro años ha, Anxo Quintana, a la sazón duro opositor a la Xunta de entonces, se dejó caer por allí con el fin de inmortalizarse en la relajada foto de rigor en un río de aguas límpidas.
Pero ¿qué hicieron los jóvenes? Plantarse en las ruinas de las viejas casas de los mineros y arreglarlas pensando en el turismo rural. Descender hasta las minas y limpiar accesos y restos de edificios. O sea, crear un entorno museístico que Galicia no debería dejar olvidado. Porque con los restos marginales de alguna inversión faraónica de la Xunta se avalora el entorno, que, desde luego, es uno de los parajes más bonitos de Galicia. A pesar de los parques eólicos.
Para conocer la zona
Zobra es, también, un territorio idóneo para los amigos del senderismo. Un vistazo a Google Earth pone en evidencia la cantidad de pistas que cruzan esos montes. Así que hay posibilidades para todos los gustos.
Si se va en familia, con niños o simplemente no hay ganas de andar mucho, la recomendación es bajar cruzando las minas y ganar el brazo del Deza, donde esperan unos bancos y mesas. El sendero que marcha paralelo a la corriente muere un centenar de (maravillosos) metros más adelante. Tras el descanso en esos bancos, se cruza un puente de grandes losas, se asciende a la carretera y, por esta, se regresa al punto de partida (ojo: al cruzar de nuevo el Deza queda oculto el puente viejo, igualmente interesante).
Si se prefiere caminar más, el punto de partida lo conforma el teleclub de Zobra. Por el asfalto a la izquierda y luego a la diestra, a Trigueira. A los 900 metros, cruce de tierra a la izquierda. El siguiente desvío a la izquierda se ignora y a los 100 metros, en ángulo recto a la derecha (no hay pérdida: se cruza un arroyo). Se llega a un parque eólico, se busca la derecha y se da a la carretera cerca de las minas.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios